Yo no era consciente de que tenía pecho hasta que mi hermana, a eso de sus 14 años (mis 12), dijo que ella era muy tetona. Cuando me creció a mí, cualquier cosa me parecía mucho. Crecí con eso, no supe gestionarlo y con 22 me operee para reducir una talla 110. A día de hoy no me arrepiento porque me incomodaba, pero pienso que de no haberme calado aquel comentario (que lo hacía muy, muy a menudo), mi relación con mi pecho hubiera sido otra. Quizás lo hubiera aceptado.
Mi madre siempre me decía también que si adelgazara destacaría más la belleza de la cara…
Y aunque esto no cuenta como comentario que lleva a complejo, mi abuela, cada vez que me abrazaba de pequeña, me daba pellizquitos cariñosos a la altura de donde queda el sujetador y me decía que «no agarraba nada». Yo entendí eso como algo negativo, hasta que cogí algo más de peso conforme crecí y, por fin, un día, cogió carne y dijo que ya sí agarraba. Sonrió y yo lo interpreté como bueno, por lo que entendí que si engordaba más, más me aceptaría.
En fin… La relación con los cuerpos es todo un mundo de estudio.