Este tipo de vacaciones no se caracterizan por atraer a gente con ganas de proporcionar una experiencia educativa a sus hijos, sino de descansar. Si quieres estar sin niños vete al Prado o al Louvre, ya verás que allí hay pocos y formales. Los padres van a esos hoteles a tirarse a la bartola, apagar el cerebro y descansar, igual que tú, no a correr detrás de la prole, que para eso se quedan en el parque de al lado de casa.