Yo no «degusto» a un tío si antes no ha tenido la cabeza entre mis piernas. El cerebro de muchos tíos está en su entrepierna y piensan en nosotras por la posibilidad de poder disfrutarnos. Y yo no voy a renunciar a eso, no quiero hacerlo, y no tengo necesidad de otra cosa, ni busco mucho más, trabajo en una empresa, me pagan un sueldo, tengo una vida razonablemente buena, y las únicas historias de amor son las de las películas de domingo por la tarde.