Con 2 años mi hija tenía «un amigo». Se llamaba Alen, tenía el pelo rojo como mamá, pero a mamá no la quería, no quería jugar conmigo, a mí me quería tirar por las escaleras. Estabas durmiendo y de una mi hija se ponía de pie en la cuna y lloraba que Salen no le dejaba dormir. Que le dijera que no era hora de jugar. Mi marido acojonado. La canguro igual. Yo al principio también pero empecé a normalizarlo y a tratarlo y reñirle como si fuera uno más. Al final un día se fue. Ha habido alguno más pero ninguno que me diera miedo como aquel. Yo intentaría normalizarlo, que al final se pasa. Ánimo. Y si es que ve algo, y no excesiva imaginación,cambiando de casa no lo vais a solucionar. Por experiencia propia te lo digo