Primero dices que frecuentas bastante el bar con tu familia, y luego que no vas nunca…
Yo no volvería, pero no por vergüenza (la petaca no la llevabas tú) sino por los insultos de la camarera. Bueno, sí; iría un día a hablar con el dueño del bar y le explicaría lo que pasó, que entiendes que tu amiga hizo mal (aunque consumió refrescos, así que tampoco estaba ahí «de gratis») pero que «gorda de mierda» no te lo llama nadie.