Ahora resulta que, para que no te tachen de «tóxica», hay que tragar con todo, aunque nos repatee y nos parezca que nos están viendo la cara de tonta. Pues prefiero quedar de tóxica, que de gilipollas, si algo me molesta, pongo los límites muy claritos, y desde luego no consentiría que mi pareja se fuese dando piquitos con su ex. Y me importaría un pimiento esa chorrada de que al romper «acordaron saludarse así siempre»,tiene que entender que tus sentimientos son más importantes que un «acuerdo» con su ex.