Pues a mí no se me ocurre regañar a nadie que ya tiene edad para tomar sus propias decisiones, sean correctas o no, y que tiene derecho a probar y a equivocarse. Si una amiga me cuenta su historia de cuernos es oír y callar. Si alguien hace una tarta y pregunta qué tal está, aunque no te guste el sabor hay muchas formas de decirlo.