Te responde esa niña que nunca fue a una fiesta de pijama. Bueno, sí fui y a las 23:00h tenía a mi madre en la puerta para recogerme. Era la hora acordada. De nada sirvió las súplicas de mis amigas, la llegada del repartidor de pizza que llegó con la cena, la explicación de la madre de la anfitriona diciendo que ni la peli había terminado. Bueno si: sirvió para que, a mis 17 años, me tachara de manipuladora por decirle a las demás que le suplicaran quedarme. Cuando precisamente yo les había suplicado que no lo hicieran. Pero ellas no sabían lo que venía después.
Al caso: la necesidad de control, la sobreprotección, y un sin fin de cosas, hicieron que tuviera que volver a mi casa a las 21:00h, que nunca fuera a fiestas, a verbenas, a cumpleaños, etc. y, aunque para ella no fue un trauma, para mí sí al darme cuenta de que me llamaban la “rara”, de que se reían de mí por el control, por no poder salir y, a día de hoy, a los 35 años, sigo sin saber nada de esa gente porque me crea ansiedad (y sí, un trauma) recordar el pasado.
Deja que viva esa experiencia: tiene amigas, tiene 11 años, tiene una sola vida y tú eres quien va a conducirla hasta que ella pueda elegir por sí misma. En tus manos está que la recuerde de una forma feliz o todo lo contrario.