Hace nada una chica que vivía en casa de su novio vino preguntando si debía o no invertir en una pequeña reforma en esa casa donde vivían los dos y compartían gastos. Exactamente el mismo caso. El 99% den las respuestas fueron «ni se te ocurra invertir un euro en un piso que no es tuyo». Parece que si cambiamos pene por vagina la cosa cambia.