Pienso en mi marido comiéndome la parrusa, eso cuando lo hacemos. Y cuando me la está comiendo, solo lo miro sin pensar en nada. Es el único momento en el que puedo parar mi mente. No sé qué tiene mi señor esposo en la boca, pero no hay ninguna fantasía que lo pueda reemplazar, es lo más excitante que me pueda imaginar.