Te entiendo.
Yo antes era delgada y me daba un pánico tremendo engordar. Y engordé. Y me di cuenta de que no pasaba nada pero la gente ha opinado mucho, especialmente mis padres, que tristemente siempre fueron quienes me inculcaron ese miedo.
Del nivel de comentarle a mi novio que a ver si me apunta al gimnasio y él contestar que le gusto como soy, y decirme mi padre «eso te lo dice para que no te enfades pero vamos, que a ninguno nos gustan gordas». O de ir de compras con mi madre y soltarme «con ese vestido se te marca mucho el culo, lo tienes enorme, hija con lo bien que estabas antes, por qué no pierdes unos kilos?».
Y duele. Claro que duele. Duele darle ropa a tus amigas porque ya no te está y que te echen una miradita de lástima mientras te dicen «la pobreee… Pero ya verás como adelgazas».
Y a mí si me «sobran» 10 kilos. Simplemente, ya no estoy flaca.
A veces esos comentarios me han hecho daño y también me he planteado si a mi novio le gustaré menos, y eso que él jamás ha comentado absolutamente nada negativo de mi físico. Es más, si me he quejado alguna vez siempre me ha dicho «pues a mí me encantas». Y pienso que así quiero que me quieran y que no aceptaría una pareja que me rechaza. Pero tanto rollo con la delgadez a veces cala.
Te tienes que hacer fuerte porque la sociedad es gordófoba.
Yo en el pasado, vivía contando cada caloría, cada cucharadita de aceite, cada paso que daba, no disfrutaba del ejercicio que me gustaba, a veces no podía dormir del hambre que tenía, me sentía cansada, agotada, atada a una talla y una báscula.
Decidí que ya no más.
Hoy en día como sano y hago el ejercicio que me gusta, tengo unos hábitos muy buenos de alimentación y estoy segura de que no me falta un nutriente.
Por fin, me estoy cuidando de verdad. Y eso es de lo que estoy segura. Cuando un comentario de este tipo me duele o me sorprendo a mi misma pensando en saltarme la cena, pienso en lo que eso le va a aportar a mi vida y mi autoestima y recuerdo porqué hago las cosas.
Tienes que desarrollar unos valores propios y dirigirte a través de ellos de forma absolutamente determinada e inquebrantable. Es la única manera de ser feliz. Seguir unos valores porque son importantes para ti, independientemente del resultado e independientemente de la opinión ajena.
Ser delgada lo único que aporta a mi vida es que los demás me digan lo mona que soy. Nada más. Comer bien, descansar y hacer ejercicio por salud es lo que verdaderamente me aporta a mí.
Y hay que elegir. Puedes ceder y caer en el juego de gustar a la sociedad o puedes elegir ser quien quieres ser, sabiendo que la sociedad es gordófoba y lo que ello conlleva.
Mereces amor y respeto independientemente de tu talla, lleva esos valores como estandarte y sé consecuente con ellos.
Piensa en la camarera cuando le dijeron que hiciese dieta más estricta, su respuesta fue un sencillo no. Sin más explicación. No y fin. Que opinen lo que quieran, lo importante es que tú tengas claro quien eres y qué quieres.
Por cierto, a mis padres ya les quedó muy clarito que esos comentarios no los quiero oír más. No temas decir lo que piensas, hazlo desde la fortaleza y la convicción de unos valores firmes.
No puedes evitar la gordofobia pero si puedes hacerte fuerte y combatirla.
Si la sientes que la sociedad te dice que no mereces salir de casa, coge, ponte tu ropa favorita, tu pintalabios preferido y sal a vivir la vida. Y que rabien lo que quieran. Los complejos que deciden aceptar los demás no son tu problema. Que se las apañen.