Pues mira, le dices las cosas tal y como son. Dile que llevas tiempo sospechando que ahí había algo raro y que, como no te apetece que te tomen por tonta, has cogido su teléfono y has confirmado tus sospechas.
Soy firme defensora de que es perfectamente lícito mirarle el teléfono o el ordenador a nuestra pareja si sospechamos seriamente que nos está engañando o ocultando algo malo. Una cosa es respetar su privacidad y otra es poner la otra mejilla mientras nos faltan al respeto.
Y ojalá lo mandes al cuerno, porque una vez te ha demostrado de lo que es capaz de hacer cuando tú no miras, no volverás a confiar en él como antes y vivirás preocupada por que no te la esté pegando otra vez.