Algunas personas tienen una pasión por su trabajo que hace estremecerse. Tengo 2 malas experiencias con endocrinos. En mi caso soy la repera, mido 1,77 peso 110 kilos y para colmo diabética tipo 2; cuando entro a consulta es que los veo remangarse y todo.
Mi primera endocrina me atendió le comenté que sí, que tengo muy buena boca, que no le hago ascos a nada, sea un pollo asado o un plato de acelgas con cebolla, así que dijo que me mandaba unas pastillas para que no tuviera tanta ansiedad por comer así que me mandó trankimazin. Y yo que no tenía ni idea me lo tomé. He visto zombis en TWD con mejor cara que yo. Eso sí, comer no comía, ni hablaba, ni me movía ni nada, estaba todo el día sopa en la cama luchando por respirar. Todo un éxito señora mía.
Mi segundo endocrino es para mear y no echar gota. Entro por la puerta y me veo un señor de unos 50 años con una barriga que he visto balones de playa de nivea inflados a más no poder con menos curvatura. Este señor me mira, me pesa y me dice con toda su autoridad médica que siga la dieta Pronokal que me viene a costar 300 y pico de euros al mes (una dieta que no deja de ser como la Atkins, Dukan o cualquier otra «keto») porque claro, estoy muy gorda. Me quedé con cara de «le dijo la sartén a la reina de los putos cazos».
Y mi último y actual endocrino le tengo de apodo el «nazicrino». Lo primero que me sugirió fue una reducción de estómago, luego un balón gástrico, y ya cuando pensé que su solución sería que me cortaran en rodajas y me vendieran a un McDonalds cayó en la cuenta que quizá una dieta lógica sería mejor opción. Eso sí, me costaría el horror porque adelgazaría despacio. Pero yo toda mi vida he sido muy tranquila y ahí sigo maja, más o menos 1-2 kilos al mes y tan feliz, haciendo mucho ejercicio suave que al fin y al cabo, como decía mi abuelo, no hay nada peor para la salud que estar vivo.
Al menos espero que te echaras unas risas leyéndome -que eso siempre anima! –
Al capitán capullo que te vio sin ganas de trabajar tú siente lástima por él, porque si a todo le pone el mismo entusiasmo, dudo mucho que le duren las parejas. Tantos años estudiando una carrera tan cara para luego ser así de implicado.
A ver, que hay muchas personas que van al médico y te juran que ellas no comen y que están gordas por obra del espíritu santo -antes preñaba vírgenes, ahora las engorda pero sin hacerles un muchacho – y seguro que estarán hasta las narices de gente que va y les miente (cosa que nunca he entendido) pero en serio, no dejes que te afecte, sobre todo cuando ves que desde un principio se ha cerrado así contigo. Si te insiste en que tu problema es comer pues le dices que vale, que la próxima vez te comes a su puñetero padre rebozado. ¿De qué sirve hablar con alguien que no te oye?
Ánimo maja, y en tu caso, que apenas es peso (no como yo que tengo todavía una jarta por delante) puedes acudir al médico de familia, por lo general suelen ser más cercanos :)