Los acuerdos sobre la crianza que se alcanzan antes de tener al bebé son una base sobre la que construir el tipo de crianza en que los dos estén de acuerdo, no los diez mandamientos grabados en piedra. De hecho lo más común es que no uno, sino varios de los acuerdos cambien cuando llega el bebé y se vive la realidad de las cosas. Yo estaba convencida de que si podía dar el pecho sería como mucho muchísimo hasta el año y aquí estamos, 18 meses y contando. Y en muchas otras cosas hemos cambiado de opinión bien mi marido, o yo, o los dos. Y muchos de esos acuerdos previos hemos tenido que renegociarlos. Es algo de lo más normal, ni una traición ni un motivo de desconfianza.
Entiendo que el punto de la crianza en casa es especialmente importante para tu marido, pero él tiene que entender que no te lo puede imponer como si fuera una condena porque un día dijiste que tú te encargabas. El peque ya tiene un año y necesitas volver a tu trabajo. Podéis negociar quizás que vuelvas al principio con jornada reducida, o tratando de ajustar el horario para que esté lo mínimo en guardería. Pero no es justo que te niegue lo que él tiene por defecto: trato diario con otras personas, unas horas al día de no estar pendiente del bebé, ingresos propios, otro rol diferente al de padre. Como te digo desde la empatía de entender el malestar que le causa porque no es la situación ideal que le gustaría para su hijo, creo que debería poner él la misma empatía contigo y estar abierto a otra forma de crianza aunque no sea la que tenia en mente en un principio. Al final ninguno tenemos 100% la crianza que queremos (nosotros estamos muy felices con la guardería de nuestra peque, pero me gustaría que estuviera menos horas) Pero se trata de buscar la situación más equilibrada para todos, no de que tú te sacrifiques sola.