Me recuerdas tanto a mi amada excuñada. Sin conocerme nada ya sabía exactamente cómo pensaba yo, mis futuros planes secretos y malvados y por supuesto todo, pero todo, todo lo que pasaba en mi casa, que básicamente era que yo me pasaba el día tocándome el papo, mientras su pobre hermano era esclavizado y azotado. Pobre, pobre hombre!!
Lo bueno de ese tipo de cuñadas es que al no caerles bien no se acercan mucho a tí y no tienes que aguantarlas.
Alégrate o no por tu sobrino, a ellos se la trae al pairo.