Nadie se habría enclavado con ella si no hubiera dicho cosas como que «la gente debería entender el acto sagrado de casarse ante dios porque paganizar la fiesta de esa manera es muy triste» dando a entender que quien celebra su boda por lo civil o con una fiesta es un triste. En vez de centrarse en los sentimientos de la autora ha desviado el tema sutilmente hacia «lo que ella cree que debe ser una boda y un buen matrimonio cristiano» y le ha recomendado que haga el curso prematrimonial, como si con eso fuésemos a conseguir todas que un hombre de repente cambie y sea ejemplar.