Los límites se ponen poniéndolos. Y la persona límitada rara vez está de acuerdo… menos aún si lleva toda la vida haciendo lo que le da gana sin que nadie le tosa. Así que no hay forma de poner límites a tu madre y que los acepte de buena gana.
¿Lo que yo intentaría hacer? Pues cada vez que la señora se ponga a darte el sermón le diría «Mama, es mi vida y son mis decisiones. Soy adulta. Ya conozco tu opinión y la respeto, así que respétame tu a mi» y te vas… no le des el gusto de discutir… te vas a otro cuarto o a tomarte un café al bar de la esquina. Y así una y otra vez hasta que se canse o te vayas a vivir a otro sitio.
Si no te quiere hablar que no te hable… pero tampoco puedes permitir tener a la santa inquisición todo el día encima y vivir atemorizada porque se vaya a enfadar