En mi boda, a final de noche, dos amigos de mi marido se cascaron. Uno le echó un cubata a otro por la espalda (en plan broma, dice él, ni que fuese gracioso) y el otro le pegó un empujón y le soltó un señor guantazo a cambio. ¿Se acabó el mundo? No. ¿Me importó un pito? Totalmente. No me puedo creer que lo que pase en la discoteca a las 4 de la mañana pueda ser algo que te joda el día o que te estropee el recuerdo.
Que si, que la autora del post tenía que haberse llevado al novio antes, no lo dudo. Pero de ahí a insinuar que les ha jodido el día hay un trecho.