Que feliz serías si lo mandaras a freír espárragos.
Ni ultimátum ni nada, o te largas tú del piso sin avisarlo, solo avisando a la casera, o haciéndole las maletas, dejándole todas sus cosas en la puerta y cambiando la cerradura.
Menuda sanguijuela con la que vives.
Se valiente y hazlo, podrías ser muy feliz.