Te equivocas, Paola. No afloran tus miedos. Lo que en realidad sucede es que te excita pensar en eso, porque cuando eras pequeña, te gustaba mamar y te encantó que alguien metiera una polla en tu boquita. Por eso, desde que eras una adolescente, entregaste tu cuerpo y tu sexualidad, porque te gustaba que los chicos te usaran. De hecho, te encantaba ser una putita. Y como una buena putita, follaste con todos los hombres que pudiste hasta que te acordaste de que se te pasaba el arroz. En ese momento, a los 35 años, quedaste preñada para atrapar a un hombre o tal te preñaron por zorra. Luego, te convertiste en una madre soltera porque aún deseabas conservar tu vida sexual. Es decir, a pesar de tu edad, todavía querías ser una putita porque te gustaban las pollas y porque esto fue lo que te enseño tu tío desde que eras una nenita.
Yo supongo que te encanta visitar a tu tío porque sabias que él te iba a dar su lechita e iba a colmar tu boquita con su lactosa. Y ahora que tienes una hija, estoy segura de que deseas que ella también sea una zorra como tu lo fuiste en tu juventud. Entonces, cuando ves estos casos, sientes ansiedad y hasta excitación porque esto te recuerda lo que sentías cuando tu tío metía su polla en tu boquita y tu mamabas entre risas mientras tenias cuidado de no usar tus dientes para no lastimar su polla.