Tu caso me recuerda a una experiencia que viví yo cuando tenía 18 años. Me fui de Erasmus y me «enamoré» de un chico de Gran Bretaña. Después de estar algo menos de un año saliendo a distancia, se vino a vivir conmigo a Barcelona. El tema es que mi situación en casa también era problemática, no me encontraba nada bien así que decidí tirar hacia adelante con la idea.
Entonces, allí me tienes, independizada con 19 años, compartiendo piso con 5 personas más (ya me dirás tú lo que podía pagar con 200 euros que me pagaban en el curro y estudiando la carrera). Me fui dando cuenta poco a poco de las cosas de las que hablas. Él tampoco tenía estudios y se apalancaba mucho, mientras que yo intentaba llevar la casa a la vez que la carrera y el trabajo.
Me di cuenta también de que era una persona bastante machista, entre otras cosas, y después de 7 meses de aguantar la situación con pinzas (porque oye, me encantaba vivir sola, aunque suponiera un gran esfuerzo) me di cuenta de que no podía seguir con él. Volví a casa de mis padres, un golpe durísimo, pero terminé la carrera y después de un año encontré un buen trabajo que me permitió independizarme de nuevo (con 22 años), y esta vez de verdad. Lo que quiero decirte es que en mi caso retroceder un paso es lo mejor que hubiese podido hacer. Porque encontré tiempo para mis motivaciones, porque tampoco estuve tanto tiempo extra en mi casa y porque ese chico no era la persona con la que quería pasar mi vida.
Al final, la conclusión es que esa relación fue un acto de rebeldía, un símptoma de que necesitaba mi espacio, y el hecho de vivir juntos tan rápido nos convirtió en completos desconocidos. No digo que en tu caso sea también un acto de rebeldía, sino que creo que lo primero que tienes que planearte es qué es lo que buscas para ti, y después fijarte en sus qualidades y defectos y decidir tú misma si es quien quieres que sea tu compañero de vida. Un abrazo y ánimos decidas lo que decidas! :)