Creo que es uno de los problemas más comunes en las relaciones de pareja donde se convive. Evidentemente, es casi una lotería que el apetito sexual sea el mismo en los dos miembros de la pareja y mucho menos todo el tiempo, pero el sexo es algo mucho más global que implica también cuestiones de intimidad. Es un tema muy complejo y que se trata de una manera muy difícil en cuanto empieza el problema
El problema no está en la diferencia de apetito o en que uno de los dos pueda tener un problema físico o psíquico sexual, como ya han comentado algunas personas, sino en cómo se aborda esa cuestión.
Si sirve para algo, en mi última relación, también hubo una disparidad grande de apetito sexual y también yo propuse innovar en todos los aspectos y todo fueron negativas. La primera fase es que lo intentas y todo el tiempo recibes el rechazo, con lo que tu autoestima empieza a mermarse. En realidad, no tiene nada que ver contigo, es la otra persona que tiene un problema con ello, pero la persona que va recibiendo ese rechazo con constancia acaba sintiéndose mal y va perdiendo también energía para ir proponiendo soluciones. Si te repones de eso (hay gente que acaba rompiendo esa relación con la autoestima por los suelos) empezarás a construir tu propia sexualidad de forma individual hasta que pueda ir mejorando la situación de la sexualidad en pareja. Esa fase está muy bien y se aprende muchísimo de la sexualidad propia, el problema es que no es suficiente tampoco: la otra persona tiene también que hacer un trabajo personal y comunicarse con claridad y sin miedo.
En mi caso, acabé cediendo tanto y limitando tanto mi vida sexual en pareja que al final yo también perdí bastante el deseo. Eso estuvo paradójicamente bien porque se acompasaron nuestro ritmos pero poco a poco a mí eso me alejó muchísimo porque necesito el sexo para conectar en la intimidad de la pareja. Leí artículos, libros y nunca conseguí averiguar cómo solucionar el tema, sólo obsesionarme cada vez más y acabar incluso contando cuántas veces hacía el coito al año (primero miras cada cuántos días, luego miras semanas, meses y acabas cuantificando cuánto sexo haces anualmente). Craso error. En mi caso, acabé viendo que era una cosa de dos: la otra persona apenas se abría, tenía un bloqueo importante relacionado con el sexo en pareja y no quería arreglarlo: ni quería innovar, ni quería encontrar espacios de intimidad fisica (aunque fuera sin sexo), nada. Había separado lo que es sexo del amor y aunque de vez en cuando hacía un esfuerzo para que no se acabase del todo el sexo, en realidad, el sexo se volvió aburridísimo, casi una tarea. Al final me di cuenta que lo único que servía era mirarlo objetivamente: ¿Cuánto sexo necesito yo y cómo es el sexo que yo necesito? ¿Hasta qué límite estoy dispuesta a ceder? Por ejemplo (ficticio) si yo necesito intimidad sexual 2 veces por semana y la otra persona 1 vez al mes, ¿podría hacerlo 2 veces al mes? ¿Podría estar dentro de un año en la misma situación y estar conforme? ¿Podría vivir toda la vida con esta cantidad de sexo anual? Las preguntas eran duras pero la respuesta también. Acabé hasta buscando si era legítimo romper una relación por esto y, aunque lo es, tuve la suerte de que hubo otros problemas casi más graves que hicieron que se terminase. Eso sí, el problema no fue tanto la disparidad en frecuencia sino el bloqueo que había y la falta de disposición de la otra persona para hablar libremente sobre el tema. Si no se puede hablar de esto libremente, es muy difícil de solucionar a no ser que te sobreadaptes a las necesidades del otro.