Sex & Love

El día en que me di cuenta de que la monogamia es una auténtica mierda

Y no digo que no sea estupendo querer a alguien y por supuesto que te quieran, pero a veces me cuesta creer que sólo nos vamos a enamorar de la misma persona el resto de nuestras vidas.

El otro día salí de fiesta con mis compañeras de trabajo. Llevaba mogollón de tiempo sin mover este cuerpecito entre los bares. Así que decidimos salir y aprovechar que eran las fiestas del pueblo en el que trabajamos.

Entre caña y caña nos dio tiempo a engancharnos un buen pedo y como bien se, yo “es beberme dos copas y sentirme la más guapa del lugar”, es decir, me vine arriba y empecé con el ligoteo.

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Tengo pareja desde hace 6 años y desde este verano estamos felizmente casados. No os alcanzáis a imaginar lo que le quiero, con ganas, con dolor en el pecho, pero eso no quiere decir que no me atraigan otros chicos y que no me flipe tontear cuando salgo de fiesta.

Así pues, mis compañeras y yo empezamos con el flirteo, que si risas con unos por aquí, que si venga copa con otros por allá, nada comprometido, simplemente tonteo.

Estuvimos casi toda la noche en esas, cuando nos fuimos a la típica verbena de pueblo. Con el pedo que llevábamos nos pusimos primeras en la fila dispuestas a darlo todo. Y bien que si lo dimos.

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En medio del concierto observo a uno de los chicos más guapos que he visto nunca. Estaba en el escenario, hacía parte del grupo. Tocaba la trompeta, bailaba que te cagas y encima TAMBIÉN CANTABA. Madre mía, una cosa loquísima. Y yo nunca he sido de llamar la atención a chicos tan guapos y mucho menos si voy con más chicas. Pero ahí estaba yo, empoderada por el alcohol y empujada por las casi 7 horas de fiesta que llevaba y decidí junto con mis compañeras empezar a gritarle guapo y mil tonterías más. Mi intención no era más que hacer el bobo como llevábamos haciendo toda la noche, pero justo en el descanso del concierto se me acerca el tío y me da dos besos.

Me quedé inmóvil, sin saber qué decir. Pero él, además de lo guapo, que cantaba bien y bailaba, era majísimo. Y nada se presentó y yo también le dije mi nombre. Luego vino su compañero y ya empezamos a hablar todos en grupo. Luego se gira y me dice, oye que te he visto bebiendo agua, pero que si te apetece luego te invito a una copa. Y yo, pues claro que sí hombre. Seguimos hablando y diciendo lo típico que qué guapa, que una cosa que la otra. Y vuelve y me pregunta mi nombre, y le digo pero si ya te lo he dicho y va y me suelta “es que me he quedado mirándote y no te he escuchado”.

Braguitas húmedas, muy húmedas…

Le pregunto que si después del concierto se quedaría de fiesta y me dice que no, que tiene que volverse con el grupo, pero que su coche lo tiene aparcado en no sé qué sitio por si me interesa.

Braguitas mojadas, muy mojadas…

Y nada, seguimos hablando, tonteando y ya él tenía que volver al espectáculo. Se me acerca y me dice que en medio del show tiene un hueco y que me invita a una copa. Así que se marcha y empieza otra vez el concierto. Yo seguí dándolo todo, esta vez centrada en esa cosa guapa que estaba ahí arriba y cuando menos me lo esperaba, lo tenía detrás, me agarró y me llevó a la barra a invitarme a esa copa.

En este momento sólo quería comerle la boca (y lo que no es la boca), e irme con él a su coche en plan “fan enamorada” y que todo acabase ahí, pero no pude… Me comprometí a serle fiel a alguien hace 6 años… Así que le di las gracias por la copa, dos besos y volví con mis compañeras.

Se acabó el concierto y me fui a mi casa con todo el calentón y un pedo de la hostia.  Y pensaba… aunque esté casada, mi marido no será el único chico que me guste. Me atraerán 10 mil chicos más y a él más chicas. Porque al fin y al cabo, somos instinto, somos impulsos y sobre todo somos polvos.

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A punto A punto

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