Vamos a aclarar algo importante. La mayoría de los hombres siguen pensando que por el culo «ni el bigote de una gamba» y que estimular sus pezones es algo que parece poner en riesgo su masculinidad. Ellos se lo pierden, pero si tu pareja es algo más abierta de mente, y le encanta probar algo distinto, te vamos a dar algunas claves importantes para que no te pase lo que le pasó a una amiga mía.
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Recuerda que los pezones tienen terminaciones nerviosas, como los tuyos, y que, en el caso del hombre, es suficiente con lamerlos, o pellizcarlos ligeramente para que se ericen. La sensación es eléctrica y muy agradable, pero no te puedes olvidar de la fisonomía masculina en ningún momento. Nuestros pezones son más pequeños y estimularlos como si fueran los de una mujer no va a generar el mismo efecto.
Si no lo crees, te detallo la anécdota que te apuntaba al principio. El novio de mi amiga no tiene ningún tipo de problema a la hora de probarlo todo. De hecho, me ha contado en múltiples ocasiones cómo uno de sus juegos de rol favoritos es que ella se haga pasar por transexual, que se ponga un strap-on y que le penetre. Se lo pasa genial, pero había en su lista de cosas por hacer un amplio espacio en blanco: la estimulación de sus pezones. Se habían centrado tanto en probar el sexo anal, los juguetes y los disfraces que no habían caído en la cuenta. Ella comenzó a probar con besos, con pequeños lametones, con ligeros pellizcos y a él le encantaron las sensaciones que tuvo. Como comprenderás, si se metía un consolador de 18 centímetros sin problemas, el tema de los pezones le exigía algo más intenso.
Al haber comenzado a probar todo lo relacionado con el sado, decidieron comprar unas pinzas para pezones de esas que incluyen una cadenita. Las probaron primero con ella y el resultado fue bastante bueno al dejarle libre las manos para otros menesteres. Como es lógico, ella comentó que sentir esa excitación de manera constante le ayudó a tener un orgasmo mucho más intenso.
Él se apuntó a probar rápidamente. En su siguiente encuentro, ella coge las pinzas de la caja, se las pone, se tumba y comienzan a hacer el 69 con él arriba. A los pocos minutos, ella empieza a notar algo caliente sobre el cuerpo y no podía ser su semen. Él parecía estar bastante a disgusto y no terminaba de encontrar la postura correcta. Deciden parar y cuando él se incorpora ve que está sangrando de los dos pezones. El problema estaba en que al sacarlos de la caja se habían caído los dos protectores de goma que traían para evitar, precisamente, lo que sucedió. Se asustaron muchísimo, y decidieron retirar las pinzas cuidadosamente, ella es enfermera, e irse a urgencias para que le echasen un vistazo al malherido. Afortunadamente, no fue la cosa a mayores. Eso sí, desde entonces, la estimulación de los pezones de ambos es solo con la lengua y con los dedos por lo que pueda suceder.