Sex & Love

Renacimiento

 Chico con 21 agrega a Tuenti a chica que no sabe aún ni maquillarse.

Él era de esos, de esos que sabes que no debes probar, ni un solo bocadito. NI UNO. Pero todas tenemos a esa amiga, y sí, amiga, a la que no sé cómo siempre le hacemos caso. “Venga va, contigo puede ser diferente” y tú, que vives en yupi, lo piensas durante un minuto y medio y te lo crees, que contigo no será tan cabrón como con las 3 anteriores. JA.

Los primeros meses fueron una delicia, me llamaba, me escribía mensajes, me venía a casa a buscar, paseábamos y le gustaba, se notaba que yo le gustaba. Me presentó con seguridad a sus amigos. Se acordaba de las fechas importantes, los regalos de Reyes tenían un curro que flipas y me ganó. Y cuando lo supo, apareció él, el de verdad. “Tarde o temprano siempre sale la bestia a flote”. A los 3 meses o así, me dejó porque “no me quería tanto como yo a él” “no sé si te quiero”. Tardamos una semana en volver. El tiempo que tardó en liarse con la que se había antojado, supongo.

Cuando ya llevábamos meses juntos me enteré de que al mes de estar juntos se había acostado con otra, una chica que yo conocía. Se me desmoronaba el mundo. ¿Qué? ¿Cuernos? ¿Se ha acostado con QUIÉN? Hay que tener en cuenta que ya llevaba unos meses quedando con su ex porque ella lo necesitaba, quería que fueran amigos porque estuvieron mucho tiempo juntos y ella cerró su círculo a él y se veía sola. Y yo, como inocente e imbécil enamoradiza, lo entendía. Hasta el punto en el que llegué incluso a preocuparme por ella (si, si. Por su ex) La que me veía por la calle y le faltaba escupirme. Mis amigas me querían matar. La misma que me animó a intentarlo, casi me obligaba a dejarlo. Pero seguí, le perdoné, supongo que no supe aceptarlo pero lo asumí, aprendí a vivir con mi cornamenta. Dejó de quedar con su ex porque obviamente extremé las medidas de seguridad y aquello no le olía bien a nadie, y él sabía que apestaba.

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A partir de ahí, todo fueron subidas y bajadas. Me dejaba, me llamaba porque me echaba de menos, nos acostábamos y se le pasaba el amor, ya no lo tenía claro, ya no quería volver, o sí, volvíamos y era el hombre más enamorado del mundo. Y así nos llevamos dos años. Me dejaba, nos acostábamos (yo con él y él conmigo y con otras) y me decía que lo mejor era “disfrutar del momento, hacer lo que te apetece con quien quieras, cuando quieras, donde quieras y como quieras”. Él lo sabía todo, lo enamorada que estaba de él, todas mis primeras veces se las regalé, le llené la estantería de pelis y series, la cama de besos y de caricias sinceras, la cara de sonrisas y la vida de buenos momentos, fueron muy buenos momentos los que yo le di. Pero aún sabiendo todo eso, prefería tenerme a medias, no me quería a mí, estaba claro, me quería a mí y a 7 más.

Todo se puso más feo cuando ya solo vivía por y para él, para que me quisiera. No salía si no era para estar con él en su casa, no salíamos a la calle porque nadie sabía que seguíamos juntos, y así podía estar conmigo y con las demás. Me llegaron fotos a whatsapp de fiestas a las que iba, liándose con otras, desde números que no tenía, con frases como “¿qué más te hace falta?”. Y solo me hacía falta querer dejarlo, joder, si me hubiera dado por fumar habría gastado menos y seguro que habría sufrido muchísimo menos.

Me fui un fin de semana de festival, en verano, después de que él me dejara. Y viví, bebí, dormí sin tilas, comí con ganas y reí, bailé y vi que me gustaba, que había vida después de él. Cuando se acabó el festival, y llegué de vuelta a casa, cambiaron las tornas. Hizo por mi todo lo que en dos años no había hecho. Pero ya no me servía, lo había aborrecido. Llegó el momento de terminar con aquel calvario en el que yo sola me había metido y lo peor es que al final, me sentí culpable porque le estaba haciendo daño por no querer volver.

CUANDO ABRÍ LOS OJOS.

Así llamo a mi renacimiento. Mi segunda vida, la que vivo ahora. Lo bloqueé de todo, pude haber restringido sus llamadas, pero me sentía más fuerte si le colgaba. Hice de mi debilidad una motivación, salir de ahí, quererme y dejarme querer bien, de verdad, con ganas. Salí, entré, conocí a otro chico (al que ya conocía) y no me lo pensé, me colé y dejé que se colara en mi vida. Me besaba como si no hubiera un mañana, me dejaba mi espacio y me recordaba todos los días lo guapa que estaba. Y hoy es mi pareja después de  año y medio, y muchos me dicen “menos mal que apareció y te sacó de donde estabas.”

ERROR.

Si alguien me sacó de donde estaba, si alguien aprendió a quererme, si alguien me vio preciosa, si alguien tuvo ganas de conocer y explorar todo lo que aún no conocía, ese alguien FUI YO.

Hoy no hago más que darme las gracias, por crecer y por madurar. Por quererme y saber que era yo la que valía y él quien no sabía valorar.

Autor: ANÓNIMO.

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