Soy una mujer adulta, soy madre, soy hija, soy amiga, soy muchas cosas, pero una cosa que soy y que atraviesa todas las demás es que soy feminista. Ser feminista es algo que se trabaja día a día porque, por más que nos cueste reconocerlo, seguimos teniendo briznas de machismo en nuestro interior, resultado del patriarcado intrínseco en nuestra educación y nuestra sociedad en general. No reconocer esto nos hace ser un poco hipócritas, por eso me ofende un poco siempre que se señala un fallo en una mujer en este sentido. Estamos aprendiendo, lo importante es verlo, reconocerlo y rechazarlo, dadnos tiempo.

Ahora que la guerra está más entre las diferentes vertientes del feminismo que en luchar contra un sistema opresor de desigualdad ya casposo, necesito hacer una aclaración.

Decir que si las mujeres gobernasen el mundo no habría guerras, es machista. Decir que una casa funciona cuando es una mujer quien la lleva, es machista. Decir que si las empresas las llevasen solo mujeres todas serían más respetuosas, es machista también.

Sé que esto va a doler, pero TENEMOS EL MISMO DERECHO QUE ELLOS A SER UNAS TIRANAS. (Ya lo he dicho).

A ver, el tema está en que dar por hecho que las mujeres somos seres de luz, humanas mejoradas capaces de hacer más de todo y mejor, que nuestra actitud siempre es dócil, conciliadora, amistosa, no deja de ser misoginia integrada. Misoginia dulce, pero misoginia, al fin y al cabo. Pues nos presiona, como siempre, a la perfección que a ellos no se les exige.

La idea es que si el mundo fuese gobernado por mujeres iría exactamente igual de mal, pero sería más justo, por el hecho de equilibrar la balanza de poder, pero no porque nosotras no podamos ser corruptas, dictatoriales, ególatras… Podrán serlo tantas mujeres como hombres.

Y habrá mujeres honradas que serían capaces de sacar adelante gobiernos increíbles, pero seamos honestos, no las dejaríamos llegar al poder jamás igual que no dejamos acercarse al gobierno a grandes hombres como Julio Anguita. No tiene el más mínimo sentido pensar que nosotras teñiríamos el planeta de color de rosa y convertiríamos nuestros estados en pequeños países de la piruleta. No, mirad a Margaret Thatcher y a muchas otras que prefiero no mencionar. Hay mujeres que no son bondadosas, pacifistas, justas…

Esto también es feminismo. Reconocernos como humanas, capaces de cometer errores, corruptibles, exactamente igual que ellos. O quizá no igual, porque seguro que las formas serían diferentes, pero sí al mismo nivel.

Soy mujer, soy feminista y no puedo con todo siempre, y tomo malas decisiones, y a veces soy egoísta, y a veces soy machista, y siempre siempre soy humana. No soy un ser de luz ni lo pretendo. Y me parece horrible tener que defender algo así, pero creo que es necesario recordar que tenemos el mismo derecho a ser malas personas.

Sé que este texto está expuesto a muchas malas interpretaciones, a que sea sacado de contexto y mal entendido, pero no me importa. Mis creencias son más sólidas que todo el hate que se me pueda dedicar. Y sé que a muchas esto os puede aliviar, porque os incomodan esos comentarios donde “Si lo hicieras tú estaría mejor” pasan de ser un halago a una presión social, donde la incapacidad fingida de unos debe ser asumida por otras porque lo hacemos mejor. Y no. No lo hacemos mejor. Así que mueve el culo, Manolo.

Luna Purple.