Tener una hija igual que yo es desesperante, pero no lo cambiaría por nada

 

Soy una madre de tres hijos, dos chicos y una chica, a los que adoro por encima de todas las cosas y a los que amo por igual. No lo digo por quedar bien, de verdad que mi amor por mis hijos se divide en tres partes exactamente iguales. Recuerdo que cuando me enteré de mi segundo embarazo, temía no querer a la criatura del mismo modo en que quería a la primera. Me daba miedo porque sentía que era imposible, que por mucho que le quisiera no iba a ser exactamente igual.

Pronto supe que era muy posible, tanto con el segundo como con la tercera. Mis hijos no pueden ser más diferentes entre sí, pero con sus defectos y con sus virtudes, yo no los puedo querer más.

Lo que sí empecé a notar ya desde que la pequeña era tan solo un bebé, es que es muy distinto criar niños que criar niñas. O así ha sido con mis hijos. Es como que con ellos todo es más simple y con ella todo es complicado.

No digo que sea mejor ni peor, ojo. Solo digo que, para mí, ha sido mucho más fácil lidiar con la crianza de los varones que con la de la niña.

Tener una hija igual que yo es desesperante, pero no lo cambiaría por nada

Foto de Josh Willink en Pexels

Esto ha sido así desde antes de que echase a andar, pero si durante la infancia lo vi claro, en la adolescencia fue cuando más evidente se hizo.

Aunque he de reconocer que hay un dato importante a tener en cuenta, la pequeña es la que más se parece a mí. Y no hablo del físico.

Me refiero a que tiene un carácter y una personalidad que parecen un calco de los míos.

Y, francamente, tener una hija igual que yo es desesperante.

Una vez leí en alguna parte que aquello que menos te gusta de los demás, lo que más te exaspera de la gente, suele ser justo tu peor defecto. Por aquel entonces pensé que, bueno, que igual tenía algo de razón. Pero un día, después de una acalorada discusión con mi hija adolescente, me di cuenta de que era una verdad como un templo. Porque no había caído antes, pero lo que más me saca de quicio de mi hija es que sea una versión alternativa de mi peor yo.

Pese a que en caliente no siempre soy capaz de verlo, una vez que me sereno y analizo lo que ha ocurrido o trato de ponerme en su lugar para entender lo que ha pasado, la respuesta es siempre la misma. Me puede porque es como bregar con lo peor de mí misma.

Mi niña es una chiquilla genial, pero también es cabezota, obstinada, maniática y cuadriculada. Y dos personas cabezotas, obstinadas, maniáticas y cuadriculadas compartiendo espacio y tiempo… son demasiadas. Si encima la relación que las une es la de madre e hija, acabáramos.

Tener una hija igual que yo es desesperante, pero no lo cambiaría por nada

Foto de Cottonbro en Pexels

Nunca ha sido fácil, pero conforme ha ido creciendo la cosa ha ido a peor. Hoy por hoy nuestra casa es un polvorín.

Intento ser paciente y comprensiva, pero no siempre lo consigo. Y sé que ella hace lo mismo por su parte, aunque con el mismo resultado: movida.

Tenemos más días con movida que sin ella.

Sin embargo, fricciones del día a día aparte, mi hija también me ha hecho ver aspectos de mi personalidad de los que no era consciente. A pesar de que es cierto que viéndola a ella he visto cosas de mí de las que no estoy orgullosa, no es menos cierto que he podido verme reflejada en otros rasgos mucho más positivos. Pues mi hija será todo lo que he mencionado más arriba, no obstante, también tiene un montón de cualidades positivas que la convierten en una persona de la que sí estoy tremendamente orgullosa. Y así como en lo malo, me veo a mí en alguna de esas virtudes suyas. Si bien no en todas, por lo menos sí que compartimos unas poquitas.

De modo que sí, tener una hija igual que yo es desesperante, pero no lo cambiaría por nada.

 

Anónimo

 

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