Tengo el chocho obsoleto

Os pongo en situación. De un tiempo a esta parte, las relaciones de mi entorno han empezado a transformarse. Un día viene uno y te cuenta que su mujer y él han decidido abrir la pareja. Y tú piensas instintivamente que deben de estar hasta la cresta de verse y lo que necesitan es que corra el aire y lo que surja; y que hay que ver qué cosas hace la gente. Pero luego viene otro con que después de separarse empezó a usar aplicaciones de contactos para montar tríos y orgías. Te enteras de que la pareja más estable que conoces lleva tiempo dándole a los intercambios. Tu mejor amiga te confiesa que hace años que incluye a terceros y cuartos en su cama… Y mientras tú empiezas a notar que la tuya huele a naftalina.

Doce años con el mismo maromo te convierten en la abuela cebolleta —así, en singular, porque es la única que te han arrimado— en una gran sala de cine porno donde todo es novedad, multitud, emoción y dopamina.

Y claro, es que eso es muy goloso. Así que te quedas sin armas suficientes para defender el que parecía ser el último reducto de la monogamia. Y la resistencia de la picha única, al fin, cae.

Te montas en el DeLorean para llegar al futuro compuesta y sin copiloto. Tú, que debes de ser la única mujer que no ha recibido jamás una fotopolla. Sí, tú, que la última vez que pisaste el mercado todavía se ligaba en los bares y se estilaba la putivuelta, ahora relegada al nivel del cortejo en la escala de costumbres rancias.

Salir de la cueva después de tantos años puede sonar emocionante, pero por mucho que hayas fantaseado con ese momento y por muy abiertas que tengas las piernas mentales, no nos engañemos: hace falta mucho lubricante para abrazar las leyes que rigen el nuevo mercado del folleteo y que en tu corta experiencia puedes resumir en cinco:

  1. Echar un polvo es como comprar en Shein. Llenas el carro de pollas, las pruebas y las que no te encajan, que suelen ser la mayoría, las mandas bien lejos. A China, mismamente.
  2. La estabilidad era verde y se la fumó un jipi. Ya no vives en una casa en planta baja, sino en el ático de un rascacielos en una zona de alta actividad sísmica.
  3. De entrada, la exclusividad no existe. Si quieres que algo dure, más vale que estés dispuesta a compartir.
  4. Las que juegan en tu liga han desarrollado la habilidad de hacerse fotos en las que se ven simultáneamente teta y culo. Y a ti los selfis te salen con cara de perrillo narizón.
  5. La práctica habitual es cambiar muy rápido y muchas veces. Como seas un animal de costumbres y te guste el control, quizás sea mejor que te pienses lo de adoptar un gato. Que alguna certidumbre de da: siempre caga en su sitio.

No sabes si terminarás acostumbrándote a esta nueva era de las relaciones, pero lo que sí sabes es que eres alérgica a los gatos. ¿Tutoriales para un buen selfi, por favor?

ANÓNIMO