A ver si me ayudáis, porque yo tengo dudas aquí. Llevo mucho tiempo leyéndoos y me gustaría pedir pareceres.
No hace mucho estaba en un bar con uno de mis amigos, estábamos de cháchara y al rato llegó un conocido suyo que se nos acopló. Entre unas cosas y otras, mientras yo llevaba sólo una cocacola, aquí el amigo se hincó tres cervezas casi sin respirar. Llegó la hora de pedir cena y mi amigo se pidió perrito King size, el acoplado una hamburguesa especial y yo dos hamburguesas minis. Son hamburguesas más pequeñas de lo normal que sólo llevan carne, queso y bacon. Las pedí porque no me apetecía una hamburguesota normal, pero con una sola me iba a quedar silbando melodías. Como habíamos cogido bravas para compartir, de guarnición pues pedí ensalada en vez de patatas.
Claro, cuando el acoplado vio mis dos hamburguesas, mientras él se empujaba la cuarta y quinta cervezas, no dejó de darme consejos de salud que nadie le había pedido: que si eso es una salvajada, que si para eso pídete una sola normal, pero ahí te estás metiendo más de una normal (mentira, la normal mide como veinte centímetros de perímetro y siete de espesor, las minis te las acabas en dos bocados. Llevan UNA loncha de bacon doblada y se sale del pan, son hamburguesas de niños).
Empecé por tratar de razonar con él, mira que no, las dos mías son más pequeñas que la tuya, pero él que no, que no, que dos hamburguesas eran una salvajada, que me iba a poner cebona, que hiciera lo que quisiera pero eso no era salud… mi amigo le dijo que se metiera la lengua en el culo y cenara en paz, que él se estaba empujando una hamburguesa del tamaño de una rueda de camión con bacon y dos huevos y nadie le decía nada, pero el tío erre que erre. Es por salud, es por su salud, es que yo estoy delgado pero ella trabaja sentada, que haga lo que quiera pero te estás matando… Y ya le solté: “¿Y cinco birras, no son una salvajada?”
No le iba a comparar, por favor, ¡no le iba a comparar, él se había tomado las cinco cervezas en toda la tarde (en dos horas), y además eso era líquido, todo eso se meaba, no era lo mismo! Ahí le ataqué yo: bueno, tú haz lo que quieras, pero el alcohol es coger papeletas para la alcoholemia, para la hipertensión, la gota, el delirium tremens, la diabetes, y también la obesidad, te vas a poner como un cebón, yo lo digo por tu salud… Claro, eso le molestó. Eso de que velasen por su salud, fíjate, ya no le gustó.
Al final pagó su parte y se fue. Y desde entonces, cada vez que coincidimos me advierte que no le dé la brasa con la cerveza y que no me meta donde no me importa, que él sabe beber y sabe parar.
Debe ser que yo no sé comer. Lo que me hace pensar es qué problema tenemos con la bebida en este maldito país, que te comes un chupachup y salen mil voces a prevenirte contra la grasa, el azúcar, los ultraprocesados… pero te empujas un pack de cervezas de una sentada, y no pasa nada, es normal, circulen, circulen, aquí no hay nada que ver.
Ceres.
