En este país se forma un debate nacional por prácticamente cualquier chorrada, con la discusión convenientemente dirigida por la puta agenda setting de los medios de comunicación. Nos mantienen indignados y nos pasamos el día quejándonos para canalizar toda nuestra incomodidad y frustración. A mí no me parece mal que la gente ladre, pero creo que esto está generando unos niveles de polarización contraproducentes. Nos estamos enfrentando a unos con otros, y eso no vale para nada.
La próxima vez que sientas ira, piensa cómo quieres librar tu batalla. Tal vez esa autora de Weloversize cuyo texto te ha removido no la merezca, ni tampoco el conductor del coche que llevas delante, ni tu marido, ni tu madre. Te sugiero cuatro cosas que sí merecen todo el odio del mundo.
1. Los ricos
Os voy a dar algunos datitos para que os hierva la sangre, extraídos de un informe de Intermón Oxfam:
La riqueza conjunta de los cinco hombres más ricos del planeta se disparó un 114% en 2020, mientras que la riqueza del 60% más pobre ha disminuido.
En España, el 10% más rico concentra la mitad de la riqueza. Energéticas y bancos registran retribuciones millonarias que se reparten entre accionistas y altos ejecutivos, mientras que un 17,10% de personas no puede permitirse mantener su casa caliente.
Los ricos no tributan más por codicia. Los ricos no quieren devolver a la sociedad lo que les quita, a través de la sobreexplotación de recursos, la contaminación y reventar a sus trabajadores. Su falta de solidaridad motiva que tengamos peores servicios públicos, mientras nos hacen creer que generan empleo y riqueza.
Hay una élite económica de gente avariciosa e insolidaria que nos dirige desde los medios, que son su propiedad, y que quiere canalizar nuestra indignación hacia gente que no lo merece: al que llega en patera, al que cobra una paga… Hacia abajo, y no hacia arriba, que es justo donde están ellos.
2. Los magnates a los que les molesta la democracia
Se pueden considerar un subgrupo del anterior. Hay personas de mierda que amasan fortunas a costa de los demás, pero se quedan ahí. Otros no tienen bastante con eso, sino que tienen unas ínfulas megalómanas y un narcicismo que les impulsa a ir siempre más allá, sea cual sea el obstáculo. Y, últimamente, parecen que han encontrado un obstáculo que superar en las democracias.
Alguno de estos impresentables anda a la conquista de las personalidades más exaltadas y reaccionarias de la ultraderecha europea. Sí, las mismas que promueven un bulo tras otro, denostando las instituciones, aumentando la desconfianza de la gente y sembrando el caos para asaltar el poder con fullería. Quién sabe de qué serán capaces después.
3. A los políticos a los que se las sudan fuerte los problemas de la gente
Yo aquí no me voy a meter en siglas, qué ordinariez. Pelearse por unas siglas debería estar demodé. Pelea por tus ideas, eso sí, pero no le hagas la cama a ningún partido, porque no lo merecen. No voy a caer en el populismo y la desafección crónica tampoco, ni voy a enarbolar frases fascistoides como la manida “Solo el pueblo salva al pueblo”. Hay muchos políticos brillantes con verdadera vocación de servicio público dispuestos a recibir palos en el lomo.
Pero aquellos que se endiosan ellos mismos a los dos meses de estar en el cargo y se creen superiores a la gente que los ha puesto ahí, a quienes consideran una masa etérea carente de intelecto, esos merecen odio. Harán lo que sea por mantenerse en el cargo, lo que implica plegarse a los intereses de las empresas y sus amigotes empresarios. No son ricos, pero actúan como tal, de manera que se protegen a sí mismos por el status quo. Si de casualidad aprueban una medida mínimamente social, antes habrán estudiado al detalle el posible coste electoral.
4. A los incels
Hay una nueva hornada de pequeños hijos de puteros soltando por ahí su basura misógina, y tienen millones de seguidores (entre los que podrían estar vuestros propios/as hijos/as). Consideran que una mujer fuerte, segura de sí misma y capaz de poner límites para cuidarse es una tía radicalizada que continuamente da la chapa con los micromachismos, pone denuncias falsas y esas mierdas. Demasiado complicadas, por eso citan estudios inexistentes o malinterpretados para decir que no encuentran pareja, y que su destino es quedarse sola, bebiendo vino y rodeadas de gatos. Pues qué planazo.
Para rizar más el rizo de la misoginia, se llenan también la boca de xenofobia e invitan a los españoles hetero a pescar originarias de fuera del país. Según ellos, tienen una visión más tradicional del amor y las relaciones. Es decir, que no se plantean cambiar y empezar a ver a las mujeres como iguales, y no como potenciales esclavas o prostitutas. Lo que se plantean es traer tías de otros países, que son estúpidas (pensarán) y no tienen el cerebro frito con tanto feminismo y tanto empoderamiento.
Considero que nos iría mucho mejor si volcáramos en estos cuatro puntos nuestros resquemores diarios, todos a una. No sé, pensadlo.
