No sé si alguna persona por aquí sabrá lo que es la hidradenitis, pero venía a contaros qué es y por qué me ha hecho pasar más de un mal momento.
Os explico desde el principio. Allá por los 2000, en mi caso etapa adolescente. Como si ya ese momento vital no supusiese un tremendo quebradero de cabeza y un buscar estar perfecta para los demás todo el tiempo, va y aparece la hidradenitis. Por aquellos tiempos, yo no tenía ningún tipo de conocimiento sobre body positive, cuerpos reales, no abrazaba en absoluto las diferencias de nadie, y no entendía esos conceptos que ahora abrazo (casi siempre), así que solo sabía culparme y rechazar mi cuerpo.
Para las que no conozcáis el término, es una afección inflamatoria crónica de la piel en la que bultos bastante dolorosos y de diferentes tamaños aparecen por la obstrucción de un folículo, especialmente en zonas del cuerpo donde hay pliegues o excesivo roce, vease axilas, ingles, muslos o bajo pecho.
No tiene una causa clara, pero se asocia a factores genéticos y en teoría empeora con obesidad y tabaquismo. El tratamiento está enfocado en reducir el número de brotes y controlarlos en la medida de lo posible, aunque he llegado a tener etapas de meses de duración.
La cuestión es que aunque ya hace 15 años del diagnóstico, no me acostumbro a vivir con ello. Durante este tiempo, he tenido situaciones de todo tipo, pero en cada una de ellas he sentido más vergüenza de mi cuerpo que en la anterior.
Me ha pasado en la playa, cuando algún amigo o conocido, desconociendo la situación pregunta en alto que me pasa en los muslos y por qué tengo esos bultos. También me ha pasado teniendo sexo. Imagináos desnudas frente a alguien y de repente notar su mirada fija en esos bultos en el pecho, ingles y axilas. Aunque generalmente han intentando ser correctos, me he encontrado con más de una cara de desagrado y preguntas varias sobre el tema al terminar.
Pero desde luego las peores sensaciones han sido en el médico, donde incluso en una consulta de ginecología, la profesional a cargo decide juzgar mi peso, mis bultos y comentar con su compañera lo desagradable que resulta encontrarse con estas cosas (conmigo en la camilla de pienas abiertas obviamente).
Aunque con el tiempo he ganado soltura para contestar a este tipo de comentarios desafortunados con o sin mala intención y parece que me lo tomo como algo natural, por dentro lo único que quiero es que me trague la tierra y que esta condición desaparezca de mi cuerpo. Me culpo constantemente por algo que no he decidido tener, y la sociedad hace que recuerde cada día lo “poco normal” que esto me hace.
