Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]:
¡Hola, bellezones! ¿Cómo va todo?
Siempre estoy por aquí, leyendo, comentando y metiendo mi cuchara en varios posts. Pero hasta ahora, nunca me había tocado compartir algo de mi cosecha personal.
Mi chico y yo ya llevamos 4 años atados con el nudo matrimonial. Los dos nos partimos el lomo trabajando y, por suerte, nos va más o menos bien con la pasta. Yo tengo un curro para toda la vida, una casa que ya casi hemos terminado de pagar… vamos, que no me puedo quejar.
El marrón es que mi marido está empeñado en que tengamos un retoño. Y yo, la verdad, es que estoy más bien en plan «ni de coña». Veo que él está que se muere de ganas, y yo cada día con menos. Creo que tener un crío ahora, en la situación en la que estoy, no por el lado económico sino por el emocional, sería cagarla a lo grande. Ya le he soltado que podríamos esperar un poquito más, que no hay que ir a lo loco. Pero el otro día tuvimos una bronca y me soltó que no iba a esperar eternamente. Que no me sorprendiera si un día se largaba.
Eso me acojona bastante, pero sigo pensando lo mismo. Ahora tengo 28 años. No me veo con un chiquillo correteando por toda la casa. Tengo un montón de planes y cosillas pendientes y si me quedara preñada sé que tendría que ponerlas en pausa.
Me parece muy fuerte que, de alguna manera, me sienta presionada a tener un chaval porque, por ser mujer, parece que eso me toca. Y que lo que yo sienta o piense se quede en nada. He hablado con mis amigas, con mi madre…
Ellas me sueltan que el reloj biológico me está haciendo tic-tac. Y yo pienso que ahora es cuando estoy empezando a disfrutar la vida.