Buenos días, chicas, y feliz Navidad para todas. Necesito un consejito, por favor. En estas fiestas, que estoy de vacaciones, he tenido tiempo para pensar y me estoy comiendo mucho la cabeza porque no sé qué hacer.
Os pongo en situación: tengo cuarenta y cinco años y estoy divorciada desde hace casi cinco. Tengo dos hijos que son casi adolescentes, con los que tengo muy buena relación, tanto con ellos como con mi exmarido. Con este último es más bien de cordialidad, sobre todo por el tema de los niños, pero vamos, que a fin de cuentas he tenido bastante suerte en este tema y no tengo grandes problemas.
Desde que me divorcié he tenido alguna que otra relación pasajera que no me ha llevado a ningún sitio y con la cual yo tampoco he querido dar ningún paso, porque no les veía preparados para mí y para mi estilo de vida. Pero ahora no sé qué me está pasando, que he conocido a alguien que no me puedo sacar de la cabeza.
Es empresario, muy maduro, sin hijos y tampoco quiere tenerlos, soltero, y para lo poco que nos conocemos hemos podido hacer alguna que otra escapada juntos cuando yo no tenía a los niños, y me he vuelto a sentir como cuando era más joven.
Muy bien, diréis: ¿y dónde está el problema? Pues en que tiene 22 años, y yo me he dejado llevar en un principio por el morbo y por la aventurilla, y ahora me estoy dando cuenta de que esto, por la diferencia de edad, es imposible que vaya a ningún sitio.
El chico está entregadísimo conmigo, pero no sé si es por la edad y por la euforia del momento, pero me está haciendo sentir como no me ha hecho sentir ningún hombre —de vicio y maravilla— en mucho tiempo.
Dice que él lleva varios años como empresario, que le va muy bien, que se ha podido comprar su propia vivienda, que no quiere tener hijos y que estaba deseando estar con una mujer madura que entendiera su forma de vida y pudiera acompañarle. Vamos, que parece que soy la horma de su zapato y que no le importa para nada la diferencia de edad.
La verdad es que este chico es fuera de lo común para tener veintidós años a día de hoy, pero también sé que podría ser mi hijo, porque tampoco es que se lleve una enorme diferencia de edad con los míos, y que todo esto es una pasión pasajera de la cual se dará cuenta tarde o temprano y volverá a querer estar con chicas de su edad.
Yo me estoy pillando y sé que en cualquier momento me va a dar la patada y hará como “si te vi, no me acuerdo”. A las pocas personas que se lo he contado me dicen que disfrute de esto, que no tiene por qué salir mal y que ya se verá, y que si se termina, pues se terminó.
Hasta ahí todo correcto, pero es que yo me conozco y soy una persona muy sensible, y sé que lo voy a pasar mal aunque sepa perfectamente que esto tiene fecha de caducidad. Así que no sé si cortarlo ahora —aunque también lo vaya a pasar fatal porque estamos en toda la pompa— para ahorrarme un palo más grande después.
La verdad es que es una locura, tanto en la cama como en los planes y en todo, que me hace estar viviendo una segunda juventud y, además, mucho más a gusto que cuando yo tenía su edad o cuando he estado con hombres similares a mí. Yo qué sé, es muy difícil: por un lado tengo muchas ganas de fluir, pero por otro sé que me voy a pegar la hostia tarde o temprano y la quiero evitar.
¿Me podéis dar algún consejo? Muchísimas gracias.
