Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hace unos días supe que mi ex pareja es ahora mujer. Me enteré por una amiga en común y me quedé en shock unos minutos, pero luego me pasó algo raro: fue como si de repente muchas cosas de nuestra relación encajaran de golpe
Estuvimos juntos un par de años y siempre sentí que había algo que no terminaba de fluir. No entre nosotros como personas porque nos queríamos, nos reíamos, había cariño. Pero él —ella ahora— siempre tenía una tristeza muy sutil, una incomodidad con su cuerpo, con el sexo, con ciertas cosas que yo nunca llegué a entender del todo. Yo pensaba que era inseguridad o que no me deseaba. Me sentía rechazada muchas veces. Ahora lo veo distinto
Recuerdo que cuando hablábamos del futuro y yo decía cosas como “de mayores, tú y yo con nuestros hijos”, se ponía nerviosa, esquiva. A veces lloraba y decía que no sabía qué quería. Que no se veía. Que le costaba imaginarse así para siempre. Y yo lo interpretaba como que no me quería suficiente. Qué equivocada estaba
Recuerdo también cómo evitaba ir a la playa o hacer fotos. Siempre camiseta, siempre tapada, siempre incómoda con su reflejo. Y yo desde la ignorancia, solo podía decirle que estaba bien así, que no entendía por qué se veía mal si era guapísimo. Porque lo era. Pero no estaba bien. No se sentía bien. No era feliz con la persona que el mundo veía
Hoy, sabiendo que es mujer, todo cobra un sentido nuevo. No desde la pena, sino desde la paz. Me alegra que haya encontrado el valor de ser quien es. Me duele haber compartido con ella una etapa en la que todavía no podía decirlo. Me siento muy distinta al recordarnos ahora
Y aunque ya no tengamos relación, quería dejar escrito esto: que me alegro. Que la entiendo mejor. Y que espero que por fin esté en paz con el espejo y con todo su ser.
Martina
