Reproducimos testimonio de una seguidora enviado a [email protected]
Es que no se puede ser buena gente. O al menos si queremos hacer un gesto de ayuda y solidaridad, deberíamos pensarnos muy mucho a quién.
En este caso cierto es, que se trataba de un amigo de toda la vida y que para nada me imaginaba que después iba a portarse así. Pero bueno, sea como sea, me estoy comiendo su marrón.
Llevo ya muchos años trabajando en la misma empresa y gano un buen sueldo. No para tirar cohetes pero sí para vivir con mediana tranquilidad. Gracias a eso me he podido comprar mi piso, mi coche, y me permito algún capricho que otro de vez en cuando. O me lo permitía, mejor dicho, porque ahora que pago un coche ajeno también, ya no puedo.
Mi amigo de toda la vida era un poco bala perdida. Tuvo un montón de trabajos y en ninguno cuadraba, aunque en los últimos años parecía que había sentado la cabeza. Le salió un trabajo de representante comercial que requería que tuviera coche. Un tío suyo le dio uno que no usaba y con ese estuvo tirando unos meses, hasta que decidió comprarse uno nuevo. Al ser trabajador autónomo, le pedían un aval. Su familia se negó a dárselo, ni sus padres ni sus hermanos, cosa que yo en ese momento no entendí y que me pareció un gesto muy poco solidario con alguien que está intentando reinventarse.
Me pidió aval a mí con mi nómina y yo no pensé en ningún momento que eso pudiera suponer ningún problema. Mi amigo estaba centrado, trabajando y ganándose la vida medio bien, y al final a mí me han criado en que hay que ayudar al prójimo cuando se puede, por aquello de que también a lo largo de la vida nos puede hacer falta a nosotros y hay que tener empatía. Spoiler: yo mucha empatía con él cuando lo necesitó y él ahora se porta como un cerdo conmigo.
Pues bien, se compró un buen coche, gracias a mi ayuda, pero la cosa duró poco. Se peleó con la empresa para la que trabajaba y los mandó a la mierda, literal, así que se quedó sin trabajo y por tanto sin dinero para pagar la letra de su coche. Adivinad quién lo paga desde entonces. De esto hace ya 4 meses. 4 meses pagando una letra de 295 euros mensuales que no me corresponde realmente, aunque sí que firmé aquellos papeles. En qué mala hora.
Lo peor no son esos casi 300 euros que no me sobran, sino que desde un primer momento en el que hubo un cruce de llamadas y él me pidió paciencia, no me ha vuelto a coger el teléfono. Me ha bloqueado en WhatsApp y en redes varias. He llamado a su puerta y no me ha abierto, sabiendo yo que estaba dentro. Lo veo a veces pasar con su flamante coche, el cual él disfruta y tiene a su nombre, mientras que soy yo la que lo pago. Y lo peor es que esto tiene mala pinta, porque si la intención fuera devolverme mi dinero y retomar su obligación, no me intentaría borrar de su vida ¿no creéis?
En fin, que estoy agobiada, enfadada y no sé qué hacer. Más de 6 años de letras me quedan y a pique estoy de que me salga una úlcera de la indignación que tengo.

