Mi hermana pequeña, después de divorciarse, estaba cansada de no llegar a final de mes, y como no habían tenido hijos, decidió romper con su vida por todo lo sano, vender su coche para pagar las deudas que tenía y enzarzarse en la aventura de las misiones.
Yo nunca pude entender esta decisión, porque no me puedo imaginar una vida sin todo tipo de facilidades como la que siempre hemos tenido, pero a día de hoy, creo que hizo lo correcto.
De hecho estos dos años he sentido hasta cierta envidia, porque a mí me cuesta también llegar a final de mes y no veo salida y veo que ella en dos años ha recuperado su alegría, su vitalidad, y el sueldo que le pagan lo ha ahorrado por completo.
El otro día me llamó y me dio a entender que pensaba volver y me insinuó sutilmente que se vendría a mi casa un tiempo. No sé cómo voy a decirle que no, pero no puedo afrontar más gastos y siempre le queda la posibilidad de volver a casa de nuestros padres, aunque allí tenga menos libertad.
Tengo miedo de que mi negativa provoque una separación entre nosotras, pero al fin y al cabo, ella también tomó la decisión de poner espacio y distancia, y no le importó lo que yo pensara.
Lo he hablado con mis padres y ellos creen que debería abrirle las puertas de mi casa por el tiempo que hiciera falta. A mí me parece un poco egoísta por parte de todo el mundo, nadie se ha parado a pensar en mí ¿no creéis?
