Yo te quería. Sí, en pasado. Puedo decir que, a día de hoy, despues de seis meses sin verte ni oírte, sin sentirte, otros son los sentimientos que tengo por ti. Y ninguno positivo. Siento pena por tí, siento lástima, pero lo peor y lo que más siento es miedo. Y me siento débil por sentir eso. Porque ya no debería tenerte miedo, mi época oscura ya terminó, debería superarlo y ser feliz…
Pero cierro los ojos y noto como me tiras del pelo. Puedo seguir sintiendo ese escalofrío en mi espalda que presentía lo que iba a venir cuando veía como cerrabas las ventanas en pleno verano para que no se escucharán mis gritos pidiendo ayuda desde la calle. Como me pegabas, me tirabas contra el sofá, como me intimidabas con los cuchillos, esos que sabes utilizar tan bien, como ya te encargabas de dejármelo claro… «Porque yo corto por aquí, aquí y aquí y te he descuartizado». «Porque yo te apuñalo y mueres sin dolor o con mucho dolor, como quiera yo». Siento lo que sentí en aquella sala de espera del hospital, donde en vez de un abrazo de consuelo a mis lágrimas de miedo por lo que venía después de tener otro aborto, me cogiste del cuello y me empotrarse contra la pared pidiendome que me callara porque «no soportabas verme llorar». Qué ironía no? Eras el causante de mis lágrimas y yo era la culpable y la que se merecía una paliza por derramarlas. Todavía recuerdo como me metiste la cabeza en el hueco del sofá porque había perdido el DNI. O como me reventaste el labio y me hiciste sangre por toda la boca cuando no me quise comer el sándwich de jamón York y queso que me hiciste para desayunar. Como me pegaste tal paliza el puente de diciembre del año pasado que no podía moverme de la cama, menos mal que fue en festivo y no tenía que ir a trabajar.
La vez que estaba mi hermana en casa y tuve que obligarla a meterse en su cuarto y pedirle por favor que no saliera. Ella no dijo nada a mis padres porque tú le infundiste miedo, el mismo que me habías inculcado a mi. Esa vez, esa noche, me dejaste embarazada de nuestra niña. Mi ilusión, lo único bonito que saco de nuestra relación. Y esto también lo manchaste. «Es que no quería fregar». Y eso me valió que me pegaras con la fregona y me tiraras contra el suelo mientras yo te decia «el bebe, el bebé» y me decías «pues te hago otro». Aún recuerdo tu cara cuando te dijeron que se le había parado el corazón, nunca llegaré a saber si las lágrimas que derramaste eran de culpabilidad, arrepentimiento o tristeza por la perdida. Supongo que de lo primero, a juzgar lo poco que te importó decir que estaba muy bien donde estaba cuando viste que hacía mi vida de nuevo, sin tí.
Me he sentido sola, muy sola. Todavía sigue esa voz interior en mi que me recuerda que no valgo nada, que soy un cero a la izquierda, que nadie me va a querer nunca porque no sirvo nada más que para follar y trabajar, que es lo único que sé hacer. Todavía esa voz me dice «ves, si es que no te quieren» cuando me llaman más tarde mis amigos, o cuando discuto con mis padres por banalidades. Y me hacen querer volver a ti, siento que eres el único que me quieres. Pero te veo tan lejano a la vez ya…
Por tí habría matado y habría muerto. Y no sabes cuántas veces he deseado esto último. Sobre todo cuando lo único que quería era que dejara de doler, de molestar, que acabara todo ya, prefería morir y descansar a tener que seguir viviendo con esa carga encima. Te lo he llegado a pedir, «mátame y acaba con todo de una vez, deja de hacerme sufrir», he sentido como mi vida se deslizaba de entre mis dedos y se iba a los tuyos mientras yo pensaba en qué iba a ser de mi hermana sin mí, siempre pensaba en ella cuando me pegabas, a ella ha sido a la que más vergüenza me ha dado contarle todo y es la única que lo ha vivído, las hermanas mayores tendríamos que ser un ejemplo y yo no he sido ejemplo para nada. He sentido como se escapaba mi vida cuando me ataste y me intentaste asfixiar, o cuando en la última paliza, sentí un cuchillo de cocina en mi tripa. Cuando te pedí explicaciones porque me habías puesto los cuernos y tú reacción fue intentar tener un accidente con el coche. Ojalá algún día alguien esté orgulloso de mí. Solo quiero cariño. Quiero que unos besos y abrazos tapen esos golpes, quiero ser feliz, no quiero tener miedo ni de tí ni de nadie. Quiero poder salir a la calle sin ansiedad, sin tener que llevar la música puesta a todos los sitios para entrar en mi mundo y olvidarme del exterior.
Quiero ser libre. No sé si podré serlo algún día.
Pero eh! Tú, me querías.
Solo espero que si algún día tienes una hija, no tenga que pasar por lo que me has hecho pasar tú a mí.
Sé feliz. Yo intentaré serlo siempre.