Escribo esto ahora que estoy más calmada, con lágrimas aún en los ojos. Estoy en Colombia, en Bogotá en un programa de movilidad y, al ser nuestras clases en línea, no he tenido mucha oportunidad de hacerme una red de apoyo. A veces me gustaría explicarle a la gente de aquí lo que implica estar en una ciudad como Bogotá y sentirse sola y desprotegida.
En un máster que realicé en España hice un amigo de aquí de Colombia, un día subimos una foto juntos en las redes sociales y un amigo suyo, de Colombia también, me mandó solicitud. Este hombre me saca casi veinte años. Le comuniqué que iba a ir a Bogotá y él se ofreció a que los primeros días me quedara en su casa. Al mes empezó una especie de amistad con derechos.Al principio todo era perfecto, yo le estaba muy agradecida porque me colmaba a cuidados y atenciones, pero cuando la cosa pasó a más empezaron los problemas, porque el tenia otras amigas con la que a veces lo veía en las redes, y porque yo no estaba segura de lo que era para él, si un pasatiempo o algo más. Se ofreció a llevarnos de viaje a una amiga y a mí y me dió la inseguridad, porque era guapa, le daba like a las fotos en las que salía con ella,pensé que podía contactarla por redes como hizo conmigo.
No me gustó verme en esa situación y pensé que quizás deberíamos ser solo amigos. A los días, y pasados tres meses de estar aquí, tuvimos una discusión y el me bloqueó. No me esperaba que me bloqueara sin más, lo hizo de pronto, cortó la conversación bruscamente,después de tres meses.
Le contacté por Instagram, le dije que me había dolido, que no iba a ser lo mismo. A partir de aquí empezó a tener conmigo un trato prepotente. Me dejé unas gafas de sol de marca graduadas en su casa la última vez que nos vimos, y estuve contactandole para quedar (vivimos a veinte minutos) y recogerlas. Yo aún quería arreglar las cosas. Me dejaba en visto, me hablaba mal, no consensuaba conmigo y me citaba a horas raras, como un sábado a las ocho de la mañana o me respondía «tendrá que ser temprano porque después salgo», después me dijo de contratar un servicio de Uber y que yo lo pagara, me mosqueé muchísimo pero le dije que vale…y no lo hizo. Así más de una semana. Castigandome. La siguiente semana le mande audios diciéndole que ya le vale, que al principio quería arreglar las cosas pero que me parecía un prepotente y ya no quería saber nada de él, que me mandara mis gafas para zanjar el tema ya, que dejara de hacerme daño, que estoy aquí sola, que ya no iba a haber más oportunidades.
Me dejó en leído y a la mañana siguiente me levanté y fui a la comisaría de policía a ponerle una denuncia por «abuso de confianza» (aquí le dicen así). Justo cuando ya iba a interponer la denuncia me escribe, con mucho desprecio «indíqueme su dirección», así que al final no la puse. Nada más llevarme las gafas le dediqué unas palabras y lo bloqueé de todos lados. Por la noche le hablé al amigo en común y le mandé unos wassaps larguísimos,estuve como una hora escribiendo, contándole mi versión de como fue todo desde que lo conocí y lo que había pasado, incluido lo de las gafas y como me sentía. El mensaje empezaba diciendo «se que es tu amigo, seguro que con los tíos no es así, pero no se lo recomiendes a ninguna amiga, y menos si es más joven, porque en la intimidad entra en unas dinámicas muy destructivas y muy toxicas».
Para mí sorpresa, mi «amigo» se enfadó mucho conmigo, básicamente que el conoce a su amigo, que es muy buena persona, que le sobra toda esta información, que si nos hemos liado allá nosotros, que se sentía incómodo con tanto lujo de detalles, que entendía como me podía sentir en un país sola, pero que ya soy una mujer hecha y derecha para arreglármelas. Me ha dolido mucho, me ha dado mucha tristeza y ansiedad y lo primero que he pensado es «me vuelvo a España». No sé cómo la cosa ha podido acabar así, tan fuerte. Me siento sola,estafada, utilizada y que he perdido a un amigo. Estoy rota.
