Será que veo muchas películas y me había hecho una idea equivocada, pero para mí contratar el servicio de una Wedding Planner implicaba por un lado ganar tiempo para hacer otras cosas, porque ella gestionaba la boda y por otro lado, ir más desestresada, pero ni una cosa ni la otra.
Lo primero, es que ella me pidió ideas de lo que quería, por lo que tuve que pasarme días buscando información por Internet para luego decírselo y que lo organizara. Sinceramente, una vez hecha la búsqueda ya podía haberlo hecho yo misma, pero como habíamos pagado seguí adelante.
Por otro lado, desde que cogió el ritmo, fue una auténtica agonía, porque me escribía a cada rato pidiéndome que le mandara algo, que le dijera algo, E.T.C. Por lo que era mucho más agobiante y estresante que si lo hubiera organizado yo misma cuando a mí me fuera bien.
Me lo habían recomendado unas amigas, que fueron a la boda de un familiar, y ella era la organizadora. Claro, ellas solamente vieron el resultado final, que al final es verdad que es bonito, pero no conocieron todo el proceso.
Yo no volvería a hacerlo, creo que he trabajado incluso más que si no hubiera contratado una wedding Planner y encima me he gastado muchísimo más dinero. Como no tengo otra experiencia, puede ser que a lo mejor haya podido relajarme un poco el día de la boda en comparación a como hubiera sido si yo me encargase de todo, pero aún así, al tener que seguir una agenda tan organizada, estrés tuve, aunque puede que de otra manera. Pero como decía, ese es el resultado final, el día de la boda, pero todo lo que me he comido los meses anteriores a mí no me compensa y mucho menos encima pagar por ello. ¿Os ha pasado? ¿Os lo imaginabais así?
