Bueno, lo que voy a contar es una historia de tantas, pero esta es, la historia de mi vida.
Nos vamos al año 2000, yo tengo 5 años, vivo en Barcelona con mis hermanos y mis padres, soy feliz en el colegio y con mis amigos.
Voy creciendo, y aunque en ese momento no me diese cuenta, vería cosas que recordaría como si fuese ayer para el resto de mi vida.
Mi padre ha vuelto a llegar borracho, se encierra con mi madre en la habitación, mis hermanos y yo, veíamos en la tele lo que acababa de pasar con las torres gemelas, decido entrar a la habitación para ver a mi madre.
Me la encuentro de rodillas, llorando y suplicando que no le pegase ¿por qué está así mamá? ¿Y mi padre como si fuese una especie de dios perdonando? ¿Perdonar el qué?. Mi madre es buena y trabajadora.
No me da tiempo a mirar mucho, mi padre me coge del cuello y me saca fuera.
Siguen pasando los días, veo como mi padre mete a mi madre en el portal y le pega una paliza, una vecina me coge y me lleva al parque. No mires, me decía ella.
En el colegio parece que ya se han enterado, me preguntan qué tal todo, les digo que papá ha vuelto a pegar a mamá, lo dije con inocencia.
Los días siguieron transcurriendo, una vez que empecé a tener conciencia de todo, ya no habían días felices.
Mi padre a diario se encerraba en el baño diciendo que se iba a suicidar, mi madre y yo intentábamos como locas abrir la puerta, luego, desaparecía por días.
Siempre habían golpes, y cuernos por parte de él, nuestra familia estaba rota.
Mi madre ya no puede más.

Llega una noche, la noche.
Mi madre me sienta en la cama, y me dice que tenemos que llamar a la policia, pero mamá, si hacemos eso ¿no irá papá a la cárcel? No lo hagas por favor. Hija, si no hago esto un día me encontrarás muerta.
Tengo que poneros a salvo.
Recuerdo que esa noche mi madre nos vistió a todos mientras mi padre estaba en algún bar, es el momento de huir.
Mi madre empieza a tirar pinzas al patio de la vecina, para que nos escondiese en su casa, pero no nos escuchó.
De repente, se escucha el portal, era ya entrada la madrugada, no podía ser otro que mi padre.
Así que todos nos metimos corriendo en la cama, vestidos y con zapatos, para hacernos los dormidos.
Mi padre se acercó a mi, no recuerdo bien si me dió un beso, pero yo tenía miedo.
Para mi madre no había beso, había paliza.
Volvió a irse, ahora sí, dijo mi madre.
Salimos corriendo, sin más ropa que la que llevábamos, sin nada.
Mi madre no sabía a dónde ir, encontramos un taxi que terminaba de trabajar y ella le suplicó que la llevase a comisaría.
(Agradezco enormemente el gesto de ese taxista, ya que ni siquiera cobró la carrera)
Llegamos a comisaría, son las 4 de la mañana, mi madre se queda denunciando y mi tío paterno nos recoge.
Pasan dos días, tal y como era mi vida cambia para siempre.
Nos encontramos en un tren marchando a la otra punta del país, mi madre, mis hermanos y yo. No tenemos nada, ni ropa, ni casa, pero estábamos juntos.
Mi madre encontró un trabajo rápido, y mas de uno, se pasaba el día trabajando para pagar el alquiler y mantenernos. Nosotros lo pasábamos mal en el colegio, nos hacían bullying por ser catalanes. Apenas teníamos un par de amigos.
Y de repente un día, llegué del colegio y escucho una voz familiar, era él, mi padre, se había mudado para estar cerca nuestra.
Me dice que si no le doy un abrazo, yo no tengo ganas de dárselo.
Al tiempo se echa una novia, y vuelve a repetirse toda la historia, ella se queda embarazada, sin problema, para nosotros será una hermana más.
Pero las palizas hacia su novia eran constantes, yo era más mayor y más consciente. Me empezaba a poner entre él y ella a modo de escudo, arañaba y pegaba a mi padre para que parase de hacer lo que hacía.
La policía venía a casa ¿estáis bien, está tu padre?
Mi padre no está y sí, estamos bien. No ha pasado nada.
Yo les mentía y no sabía porqué, quizá inocentemente protegía también a mi padre.
Ha vuelto a caer la noche y mi padre no ha llegado a su casa, yo tengo 12 años.
Bajo y me doy una vuelta por el pueblo, ahí está, en el parque, borracho y drogado, se le ha caído la cartera, la recojo.
Papá vámonos a casa por favor, es tarde y hace frío.
Así un día tras otro, accidentes de tráfico por ir bebido, palizas, dejar a sus hijos en el coche mientras compraba droga.
No sé cuántas veces le vacié la cerveza cuando estábamos montados en el coche, era algo rutinario, no bebas más papá, por favor. Me convertí en su ángel guardian, si se mataba en el coche por ir bebido, yo me mataba con él. No me importaba.
Me levanto una mañana en casa de mi madre, recibo una llamada de mi padre. Hija, mañana te tienes que quedar con tu hermana pequeña porque tengo que hacer gestiones y de paso te comento que, voy a ir al médico para tratarme del problema de alcoholismo. Genial papá, estoy muy contenta y orgullosa, tienes 4 hijos por los que salir adelante, cuelgo ya porque no quiero que te gastes saldo, nos vemos mañana.
Esa noche discutió con su novia, se drogó y se bajó al coche.
Por la mañana al ver que no regresaba ella bajó al coche, estaba ahí, pero inerte, llamaba a la ventanilla pero él no respondía. Está muerto.
Así que ese día, si que lo vi. Pero en un tanatorio dentro de una caja.
Se asfixió, se le llenaron los pulmones de sangre, sufrió. Y yo también sufrí, me rompí, me torcí en el camino.
Él nos daba problemas, pero en el fondo era mi padre y lo quería, y le quiero.
Al año salió a flote todo lo que aguanté, no pude más, me intenté suicidar.
Mi madre no se separó de mi.
Mi madre a día de hoy nos dice que bastante bien salimos con todo lo que pasamos y yo, al final de todo, solo puedo pensar en la gran madre que tengo.
En su valentía, sus ganas de sacarnos adelante. Nunca le pidió manutención a mi padre, jamás nos metió mierda de él e incluso le dejó dormir en casa alguna noche. También consiguió meter a su novia donde ella trabajaba y cuidaba de mi hermana pequeña como si fuese hija suya.
Ha pasado cerca de 10 años y a día de hoy, todos en casa trabajamos gracias a mi madre, me pude sacar el carnet, me compré un coche, me volví independiente y ahora vivo feliz.
Mamá, eres un ángel sin alas, mi rayo de sol.
Y esta es, la historia de tu vida, de la mía, no ha sido la mejor, pero te aseguro que de ahora en adelante tu hija siempre hará que sonrías, te quiero mamá, gracias.