Hola chicas,
Pues eso, lo que digo en el título. Creo que mi chico me está dejando de querer y conforme me doy cuenta tengo una tristeza encima que no sé cómo atajar. Esto es una carta a corazón abierto a ver qué pensáis, si estoy pasando una mala racha de autoestima y por eso lo veo así o veis mal la cosa.
Llevamos juntos 9 años y, de verdad, que desde el día 1 sabía que él era el definitivo. Evidentemente si alguien dice que nunca ha discutido miente pero pocas parejas habrá que haya fluido tan bien como la nuestra, apenas hemos tenido desavenencias estos años y las que hemos tenido han sido por tonterías que se nos pasaba al rato. Es un compañero de vida estupendo, una relación sana, gustos parecidos pero cada uno con su espacio, mucho respeto y amor, mucho amor… o al menos hasta ahora.
Definitivamente este año ha sido un año de cambios. Cuando nuestra vida estaba perfecta y asentada nos decidimos a ir a buscar un embarazo para tener una bebé muy querida, y también lanzarnos a comprar una casa ya que vivíamos de alquiler. La guinda ideal para la pareja ideal. La niña tiene 6 meses y la casa nos la dan en un par de meses, pero ya podemos ir a verla cuando queramos y estamos comprando cositas e ideando posibilidades. En fin, una época que debería ser muy bonita por ambas cosas.
Pues desde hace unos meses veo que ese amor que desprendíamos se está apagando por su parte. Apunto las cositas que estoy viendo a ver qué pensáis:
– Desde que nació Paula apenas hemos tenido relaciones 2 ó 3 veces y muy al principio, me compré una caja de anticonceptivos compatibles con la lactancia y ahí está muerta de risa sin tocar. Hace 2-3 meses que no nos acostamos.
– El resto de muestras de cariño casi han desaparecido también. Hay que pedirle besos y abrazos, cuando antes era espontáneo, y a veces incluso resopla. «De broma», pero protesta (y no tan de broma, si fuera broma me reiría con esto).

– Por otro lado, sé que nadie es perfecto y, como todo el mundo, tengo cosas en mi carácter que son mejorables. Soy bastante desordenada en la casa, muy despistada para guardar las cosas y me cuesta horrores organizarme entre el trabajo y las tareas domésticas, cosa que él es todo lo contrario. También dice que soy muy cabezota (real, real) y que no se puede hablar conmigo sobre cualquier decisión porque soy un muro y no me bajo del burro, y eso ahora parece molestarle muchísimo (quizá porque es época de muchas decisiones, y estoy intentando ser flexible, de verdad, pero a veces no me doy ni cuenta de que me obceco). Pues todo esto que siempre había sido así (y no me justifico, pero todos tenemos nuestras cosas) desde hace un tiempo parece insalvable, y me echa cosas en cara con un tono y una expresión que jamás, jamás había tenido conmigo. No me malinterpreteis, no es agresivo, ni falta de respeto ni nada ¿eh?. Es… decepción, como si me estuviera cogiendo tirria. Y esto, chicas, es lo que más me hunde, ver como parece que le estoy dejando de gustar, como cosas aunque que sí, son mejorables por mi parte, antes eran «graciosas» y ahora parecen que nos ponen polos opuestos.
En fin, que no sé si los cambios que comenté antes son tan grandes que le están afectando y todo volverá a la normalidad poco a poco pero tengo una pena que no puedo con ella. Ayer discutimos una vez más por una chorrada y volví a ver esa decepción hacia mí en su mirada y me hundí, llevo toda la noche llorando en la almohada.
Y ojo, que de pronto se le pasa y todo parece como antes. Pero las discusiones ya no son una excepción, es bastante habitual, y siento como que se me está escapando de las manos la relación y me da PÁNICO. Creedme, con sus cosas (que obviamente también las tiene, igual que yo) para mí es el compañero perfecto y el padre perfecto.
¿Qué creeis? ¿Pueden las cosas volver a su cauce una vez nos adaptemos a los cambios o le veis mala pinta?
Perdonad el tostón, no quiero hablar con nadie sobre esto y es un desahogo.
Muchísimas gracias.