Como el título indica, creí que eso no podría pasarme a mí. Tengo 37 años, y después de una relación de 17 años, creo que estoy siendo maltratada.
Por poneros un poco en situación, yo soy de una provincia y él de otra. Lo conocí en el segundo año de carrera, y cuando acabé decidí hacer el máster en su ciudad, por él y porque había más oportunidades laborales reales. A todo esto, él se dedica a lo mismo que yo, y trabajo para su empresa.
El tiempo avanzó, el alquiler en esa ciudad era muy caro y hace diez años dijo que nos íbamos a la casa que él había heredado en un pueblo cercano a la capital. Me pareció genial, eso que nos ahorramos y una vida más tranquila y relajada alejada de la gran ciudad.
En todos estos años, cuando el trabajo me lo ha permitido, me he ido a ver a mi familia. Antes podía escaparme dos semanas cada mes y medio o así, pero últimamente son de tres a seis días nada más lo que puedo escaparme, cada mes y medio.
La gente de aquí es muy amable conmigo, muchísimo, pero eso no quita que todo el mundo es amigo suyo antes que mío. Es decir, me siento un tanto desarraigada, amigos míos propios no tengo, y cuando ya llevo mes y medio sin estar con mi madre, la cosa me va pesando, necesito huir de todo y estar con ella, estar en mi casa familiar, con mis cosas y gente (estamos muy unidas, y soy hija única, como dato). Pues últimamente, cada vez que le parece me suelta que «tú te vas de vacaciones cuando quieres», echándome en cara que me voy a ver a mi madre. Y sabiendo que siempre me llevo trabajo de ordenador para esos días. Creo que no comprende lo que siento al haber dejado todo mi entorno y venirme a su pueblo.
Y diréis… ¿y el maltrato? Las pistas: me echa en cara muchas veces que «lo traje a este pueblo para alejarlo de los amigos»… ¿Perdón? Pues eso. Yo lo que hice fue apoyarle e ir juntos en la misma dirección. De hace unos 4 años para acá explota con unos ataques de ira que me dan miedo sin saber por qué, de la nada, y me suelta cosas como «no vales nada», «encuentro a cualquiera mejor que tú a la vuelta de la esquina», «estás enferma», «no hay quien te aguante»… Y perlas así. Sobre lo de estar enferma, hace como tres meses me diagnosticaron altas capacidades y TDA, pero vamos, nada que no sospechara nadie.
Cuando trabajo fuera de casa y él se queda siento miedo porque más de una vez, en el descanso de mi trabajo le he llamado para ver cómo va y ha explotado porque a lo mejor ese día había dejado yo la cesta de la ropa en una habitación que no es la de la colada, o porque ha visto que tengo 5 tipos de cajas de tés diferentes o porque ve que tengo dos geles de baño, o porque he dejado el cepillo del pelo encima de la cómoda en lugar de dentro… vete a saber, cualquier cosa. Antes de irme a trabajar (en ocasiones salgo de casa a las 5:30 de la mañana, para que os hagáis una idea) tengo que dar mil vueltas asegurándome de que nada mío está fuera de lugar por miedo.
Otro detalle, tengo que preguntarle qué tono de móvil, de alarma o de mensajes pongo, para que no le moleste.
En la calle siempre halaga a las mujeres amigas suyas, pero nunca me ha dicho una palabra bonita en público, ni una mirada cómplice, ni darme la mano…
Por suerte, la socia empresarial hace poco me preguntó qué le pasaba, que lo veía que saltaba por todo con todo el mundo… Y hasta me confesó que le dijo que fuera él a un sitio que ella iría a otro para no estar con él en el mismo lugar. Ya sabéis, mal de muchos, consuelo de tontos, pero me sirve para saber que no es sólo conmigo.
La parte física, pues durante esos ataques le da patadas a las puertas, al cubo de la fregona, tira cosas al suelo o contra las paredes… Y hace dos semanas me cogió por los brazos y me zarandeó, sólo porque le había preguntado por un tema del trabajo, que me lo repitiera para que luego no hubiera quejas (muchos de sus trabajadores se quejan de «donde dije digo ahora es Diego», y muchos otros terminan llorando cuando tratan con él). Y ayer, cocinando cojo un tenedor para remover la ensalada y él justo iba a pinchar, me quita la mano con un gesto que no me gustó y le dije sin tono de reproche ni nada, de forma cómica «oye, que eso no está bonito». Con el dedo índice me dio tres golpes en la sien, como si fuera un perro, mientras me decía que respetara su espacio.
Cuando le vi levantar la mano, sin saber obviamente sus intenciones se me escapó un «por favor no vayas a pegarme, otra vez no cruces esa línea» y eso lo enfadó más aún, no lo pensé, solo salió de dentro, pero me dijo que tuviera cuidado con lo que decía, que me ponía en la calle la próxima vez que dijera eso.
Pues más o menos ese es el resumen de la situación, así por encima.
Necesito opiniones porque no sé si estoy exagerando o no… Sé que hay mujeres que viven auténticos infiernos, sé que lo mío no es nada pero creo que tampoco es lo normal, creo que vivir con miedo a un ataque de ira no es normal. No sé cómo afrontar la situación, la verdad, y me da mucha pena de mí misma, pero estoy un poco al límite de todo.
¡Gracias por leerme!
