Ayer Cristina Castaño fue a La Revuelta y soltó lo que para mí fue una noticia preciosa: está embarazada. Se la veía guapísima, feliz, serena. Vamos que irradiaba ilusión. Y claro quién me manda a mí meterme hoy en redes. Me ha bastado un scroll para querer cerrar internet hasta nuevo aviso.
La de barbaridades que he tenido que leer porque va a ser madre con 47 años. Opiniones a bocajarro sobre su edad, su salud, su futuro hijo, su cuerpo… como si ella le debiera explicaciones a todo el país. Y lo peor es que muchas de esas críticas vienen de otras mujeres. ¿en serio seguimos así?
¿Que no es la edad ideal a nivel biológico? Pues claro, eso ya lo sabemos todas. Pero una cosa es comentar desde el conocimiento y otra muy distinta es sentenciar con crueldad. Porque la realidad es que no tenemos ni idea de qué hay detrás de esa decisión. No sabemos si lo ha intentado durante años, si ha pasado por tratamientos, si ha tenido que esperar a que su vida encajara o simplemente, si ahora le ha dado la gana. ¿Y sabéis qué? Ninguna de esas opciones nos incumbe.
Me da muchísima rabia ver cómo se cuestiona cada paso que damos las mujeres. Que si eres madre joven, que si demasiado mayor, que si uno solo no es suficiente, que si dos son muchos, que si por qué no adoptas, que si por qué no lo tuviste antes, que si por qué no lo tuviste nunca. Agotador. Literalmente no hay forma de acertar a ojos de los demás.
Y lo más absurdo de todo es que nadie parece plantearse lo más importante: ese bebé va a nacer en una familia donde es deseado, cuidado y querido. ¿Qué más da si su madre tiene 27 o 47? De verdad, qué más da.
No sé vosotras, pero a mí esto me deja pensando que el problema no es la edad con la que una mujer decide ser madre, sino la necesidad enfermiza que tiene la gente de opinar sobre cuerpos y decisiones ajenas especialmente si son mujeres.
