Todo empezó con 15 años. Antes, por supuesto, ya había vivido situaciones de las que hemos vivido todas, tíos que te gritan por la calle, que te siguen, que te hacen sentir pequeña e indefensa. Pero a partir de los 15 me eché novio. Yo tenía (como suele ser normal a esa edad) un concepto del amor infantilizado e idealizado, y el chico con el que salía me sacaba 3 años. Al principio todo era bonito, todo amor, todo ternura. Conforme pasaban los meses quería más, y a mí mientras fuesemos poco a poco, unos toqueteos y ese tipo de cosas no me importaban. Pero él quería más y se estaba impacientando. Me obligaba a saltarme el instituto, para meternos en un portal, y manosearme todo lo que le viniese en gana, y claro, exigirme a mi que yo hiciese lo mismo con él, aunque yo insistía en irnos, en que no quería estar allí, en que debería estar en clase, y ya saltaba con que no le quería, que yo era especial para él y quería estar allí conmigo porque me quería y tonta de mí le creía. Cuando empecé a negarme con más seriedad, él empezó a amenazarme en proporción. Si le decía que iba a ir a clase, me decía que me dejaría y le contaría a todo el mundo que soy una calientapollas, y lo que habiamos estado haciendo por las mañanas. Yo, que era demasiado joven, me asusté, le creí, y le hacía caso aunque no quisiera. Luego llegó la primera vez, quizás un poco precipitada, pero al menos se portó bien, mejor que en otras muchas ocasiones, me trató con cariño y fue paciente. Claro, todo era parte de una estrategia. Luego de esta primera vez me obligó a hacerlo en muchísimas ocasiones en las que yo no quería. Me dijo que tenía todo grabado, y que si no aceptaba iba a difundir el vídeo junto con mi número de teléfono, que lo haría llegar a amigos y familiares, y que todo el mundo se avergonzaría de mí. Y así soporté violación tras violación durante 2 años. Llegó a comprar lubricante (porque claro yo no quería, no estaba nunca excitada, y a él le molestaba) y me violó incluso analmente. Le daba igual que yo gritase o llorase, yo era un simple objeto, un receptáculo. Cuando empezó a darme igual que pudiese publicar fotos o vídeos, empezaron las amenazas de suicidio, y vuelta a empezar, aunque en realidad, con ese destrozo psicológico, casi cualquier amenaza hubiese podido funcionar. Por suerte llegó el día en que desperté, dije ya no más, y conseguí salir de ahí. Pensé que si se mataba mejor, porque sino terminaría haciéndolo yo. Lo bloqueé en todas partes, vino a mi casa, mis padres le echaron, se pegó un día en la calle esperando, se fue, y nunca más. He tenido suerte porque siempre pensé que acabaría matándome o algo así, por esa obsesión con poseerme. Evidentemente en esos dos años además de las violaciones hubo muchísimo maltrato psicológico, me insultaba, me humillaba, me engañaba y un largo etc. Sé que este #cuéntalo puede parecer una excepción porque no hablo de un caso concreto que me sucedió una noche, pero por desgracia me marcó para mi siguiente relación en la que muchas veces mantenia relaciones sin tener ganas, me olvidé de decie no, y sé que también hay miles de chicas que mantienen relaciones con sus parejas por obligación, por miedo a su reacción, para que no las dejen, y ellos se dan cuenta. Y lo dejan pasar. Y no les importa como se sienten ellas. Hay que cambiar la base, hay que cambiar la educación.
#cuentalo una historia más para la lista
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