Autora, leí tu respuesta después de dar la mía.
Jo, creo que un poco ya tenías la decisión tomada y no te ha sentado mal que la mayoría opinemos distinto.
El sarcasmo con lo de la generación de cristal, el «no conocéis niños»…
Como dije antes, de niños sé un poco, 15 años dedicados a la docencia en la etapa de infantil y un niño sólo un mes menor que el tuyo.
Y precisamente por eso veo que cuando se confunde crianza respetuosa con falta de límites… Los niños crecen con tolerancia cero a la frustración, eso desencadena en mogollón de problemas emocionales en la adolescencia y edad adulta.
Desde mi punto de vista, la fiesta al final la pagas tú, porque eres la adulta, y puedes poner normas, porque eres la adulta. Y no se trata de decirle » esto lo hacemos así porque soy la adulta y punto», sino que, como eres adulta y sabes más, le puedes explicar que hay convenciones sociales y si te invitan a algo, es educado corresponder.
Lo más preocupante para mí es que en tu respuesta dices que su motivo es que le da miedo que le quite a sus amigos, y que cómo vas a obligarle a pasar por eso. ¿De verdad no puedes explicarle que los amigos no se tienen y, por tanto, no se quitan? Que pueden ser sus amigos y amigos de más gente…
Ojo, que el niño sienta ese miedo es normal (en la etapa de infantil una de las características es el egocentrismo, no entendido de la misma forma que el adulto, simplemente es que de verdad les cuesta ponerse en el punto de vista del otro porque su cerebrito aún no sabe abstraerse) pero que tú como adulta no le acompañes a afrontar ese miedo, le expliques por qué es irracional y le ayudes a comprobar que no es así… No lo entiendo.
No confundamos validar las emociones de los niños con dejar que se dejen arrastrar por ellas.
No sé, soy contraria a comentarios tontos que llaman generación de cristal a los jóvenes y niños, pero a veces veo que se les da a personitas que aún no saben ni lo que quieren un poder que no pertoca.
Te pongo un ejemplo tonto de mi día a día: tengo un alumno (tienen 4 años y están cumpliendo 5 desde enero, un año más que nuestros hijos) que todos los días llega de los últimos y se coloca el primero en la fila, lo echo para atrás y llora. La madre me mira fatal por no dejarle ponerse el primero. Un día se lo dije a ella directamente: «ve avisando por el camino que cuando llegue tiene que colocarse atrás en la fila, el último de los que hay, y que cuando llegue otro se colocará también detrás de él, pero que no podemos ponernos delante de los que ya han llegado». Ella me rebatió que a su hijo también le apetecía ponerse el primero para entrar (durante el día el primero es el encargado, que cambia a diario, pero a primera hora se ponen conforme llegan. Le dije que madrugara más, y me volvió a rebatir. Ya le dije que en la vida real la fila es así: el que llega antes, va primero, y el que llega, se pone detrás, y que tiene que aprender a hacer colas porque en la vida le va a tocar. Se fue a hablar con la directora porque no fui respetuosa con los deseos de su pobre hijo (evidentemente, no le dio la razón).
No sé, enseñemos también a frustrarse, es importante, de verdad.