Hola, amiguis;
Hoy vengo a hablaros de una reflexión que tengo en la mente desde hace tiempo. Primero de todo hay que aclarar que sin ser yo sexóloga, ni nada de eso, me aventuro a escribir este post solo con la intención de leer lo que opináis y poder expresar mis pensamientos.
Pues bien, desde que he ido ampliando mi repertorio sexual y he ido descubriendo más y más cosas durante el sexo, me he dado cuenta de que la mayoría vivimos la sexualidad de forma orgasmocéntrica y coitocéntrica, es decir, que basamos nuestros encuentros sexuales y si estos han sido buenos o no, en el número de orgasmos que hemos tenido y en el tiempo en el que los hemos alcanzado. Así pues, catalogamos como un buen polvo, aquellos en los que nos corremos muchas veces, y si no es así, lo podemos interpretar como un encuentro poco reseñable e incluso insatisfactorio.
Y, a ver, no me malinterpretéis, que tener orgasmos mola mucho y la sensación de después de correrse es una pasada, pero muchas veces nos enfocamos tanto en llegar al orgasmo, que nos olvidamos del recorrido que hay que hacer para conseguirlo, que obviamos que recorrer el cuerpo, tanto nuestro, como el de la otra persona, besarlo, acariciarlo y chuparlo, es igual de satisfactorio o incluso más que el orgasmo per se.
Por otra parte, se le suma la sensación de que vivimos en la sociedad de la inmediatez, y esta aceleración ha invadido todos los ámbitos, y el sexo, no es menos. Ya no nos paramos a descubrir cada rincón de la otra persona (si es que realmente esto se ha hecho en algún momento) y, si lo hacemos, es para aprender las zonas más erógenas de esta y usarlas de forma sistemática en los encuentros sexuales para proporcionarle el máximo placer, y eso no está mal, lo que está mal es quedarse ahí atrancado y no intentar jugar e investigar más allá. Y, efectivamente, estas zonas suelen ser los genitales. Lanzarse directamente a comerle la polla o el coño a una persona, impide que descubra otras partes de su cuerpo, por que quién sabe, igual estimulando los pezones puede hacer que llegues a tener muchísimo placer o incluso llegar a orgasmar (porque sí, hay diferentes tipos de orgasmos y el de pezón es uno de ellos).
Y esto, va muy ligado a lo que yo denomino «fast sex», y es que cada vez queremos llegar cuanto antes y mejor al orgasmo, da igual con qué sea o cómo sea, da igual si disfrutamos de nuestro cuerpo o de nuestro sexo lo máximo posible, ya que, el fin no es disfrutar, el fin es correrse. De hecho, ya tenemos juguetes que nos hacen llegar en segundos (el bendito satisfyer, por ejemplo, que, por si había alguna duda, a mí me encanta), pero volvemos a lo mismo, correrse no lo es todo y el sexo no se tiene por qué acabar cuándo nos corremos. (Esto último lo hemos visto sobre todo en parejas cisheterosexuales, donde al correrse el hombre, se acaba el encuentro y da igual si la pareja o parejas aún desean continuar jugando).
Por último, me gustaría hacer una reflexión sobre cómo buscar de forma insaciable el orgasmo, puede dar lugar a que no llegue nunca. Por que sí, el orgasmo se da primero en la mente y este luego se materializa en el cuerpo, así que la ofuscación por que “no llego” o es que “tardo mucho”, pueden dar lugar a un bloqueo mental que impida llegar al clímax sexual de forma natural y orgánica, creando aún más frustración y que este nunca se materialice, así que solo dejándolo en un segundo plano y disfrutando al máximo nuestros encuentros, podremos ver como por inercia en algún momento conseguimos llegar.
Como conclusión, os invito a que os descubráis, a que os sintáis, a que os améis. Tanto a nivel individual para saber qué os pone, como a nivel de pareja, para sacar el máximo partido y placer al sexo, que la vida ya de por sí va muy acelerada como para que encima traslademos esta inmediatez a la hora de follar.