No sabía dónde colocar este post, si en la parte de sexo o aquí, pero al final me he decantado por escribirlo aquí. Y lamento el rollo, pero necesitaba desahogarme y creo que este es el mejor lugar, así podré compartir mi experiencia con otros chicos y chicas que estén en una situación parecida.
Hace muchos años, tuve una relación bastante complicada con una mujer, y si a este hecho le sumamos una serie de circuntancias penosas (problemas de salud, desempleo, conflictos familiares, la falta de dinero, amistades con problemas, etc) acabé muy jodida, así que decidí tomar las riendas de mi vida, cortar la relación y poner en orden mis asuntos. Y así transcurrieron cinco años donde intenté ordenar mi vida, más o menos. Ayuda psicológica, nada de tratamientos psicológicos, mucho amor por parte de los que realmente me aman, iniciar proyectos nuevos, ilusionarse con otras cosas y demás cosas positivas ha sido la medicina. Naturalmente, he mejorado mucho pero necesito seguir avanzando con apoyo pues ando todavía con problemas de autoestima y tal (ya sabéis, eso de que te traten durante años como un trapo o en plan segunda opción durante años), pero sé que lo voy a superar.
El asunto es que hace un año me sentí preparada para iniciar una relación, de cualquier tipo, sentimental o puramente sexual; no soy tonta y sé que esto de encontrar pareja está muy jodido, pero no me encierro a nada, ni a un buen rato ni a una posibilidad de comenzar una historia hipotética pues admito que yo soy más de relaciones formales, pero, como dice el dicho, de esta agua nunca beberé, y aparte, de vez en cuando a una le apetece que la empotren con cariño. Por eso, animada por mi gente, empecé a tomar medidas: aplicaciones, salidas a la calle con amigos que me presentaban gente, etc. Como apunte, he de comentar que odio las páginas y aplicaciones para ligar (o para conocer gente y arrimar cebolleta o mollete de Antequera) porque yo soy de en vivo y en directo, tratar con la gente, no soy sociable pero tampoco soy una esaboria (siempre y cuando me traten con respeto), y me gusta entablar una relación más o menos de respeto mutuo para tantear el terreno; pero con respecto a lo de la red para pillar cacho, tampoco puedo encerrarme en estas herramientas, porque en el pasado he conocido a mujeres estupendas y hombres encantadores (incluso a dos exs parejas las conocí de ahí), y no es bueno generalizar, así que me armé de paciencia y con mi filtro (sólo solteros y solteras, nada de quedar al momento de conocerse en la página si es en aplicación, nada de quedar si te suelta un simple «hola» y a continuación teléfono, wassap, foto o skype, personas cercanas a mi provincia, y poco más, no soy tan exigente) pues conocí el año pasado a tres hombres y a dos mujeres.
Mi experiencia con los tres chicos: dos de ellos, a través de redes sociales, y uno a través de un conocido y antiguo compañero de trabajo: con éste último me estrené después de tantos años sin tener sexo con nadie (sí, exacto, cinco años sin tener contactos sexuales porque acabé tan mal que se me quitaron las ganas de todo). Bueno, al principio, todo bien, él encantado, yo igual, simpático, majo, agradable, hasta que llegó el esperado día del polvo: en mi casa, después de una cena. Pues mi drama se desató a los treinta minutos de estar liados: me di cuenta de algo que, a lo mejor, os parecerá una completa gilipollez, pero yo ahí me di cuenta de algo de que algo no cuadraba. ¿Razón? Durante ese tiempo de manoseo ni un beso ni un abrazo ni un intento de practicarme sexo oral. Yo, que con los años he aprendido a comunicar mis emociones y necesidades, le dije claramente que fuera un poco más dedicado a mi cuerpo porque yo, en serio, húmeda no estaba del todo, él decía que vale, muy bien, pero seguía igual, más pendiente de la penetración que de otra cosa, con la calentura, más que normal. Segundo intento: le digo que llevaba mucho tiempo sin tener sexo, y él escucha llover. Y, cómo no me sentía cómoda, le paré los pies, le dije que follar así me parecía una tontería, que aquel que me estaba tocando no era él, ¿dónde estaba ese chico tan divertido que me hacía reir, que me trataba con cariño fuera de la cama? Yo no lo vi. Él no rechistó, y menos mal: se vistió y se marchó. Yo me quedé desconcertada. Muy desconcertada. ¿Era eso lo que quería? Por supuesto, no supe nada más de él, y de hecho, quien nos presentó me mira raro (supongo que el otro le habrá soltado pestes). Los otros dos, a ver, para no extenderme: situaciones similares pero con matices. Con uno no llegué a tener nada, nos enrollamos pero no llegamos al coito, se inventó una excusa tipo de que tenía prisa, y desapareció también, sin dejar rastro; con el otro, más o menos igual, muy soso, que quería follar por follar, sin ganas (hasta me insinuó el hacerlo sin condón, y sí, no insistó con mi mirada asesina). Y sí: también lo rechacé al ver sus pocas ganas de quedarse conmigo a dormir después del polvo. Todo tan… ¿aburrido? Con todo, después del primer encontronazo, pensé que a lo mejor con las chicas tendría suerte… pero no.
Mi experiencia con las mujeres, intercaladas con la de los chicos: lo típico también, todo muy mecánico. A ambas las conocí en pubs de ambiente, presentadas por amigas y demás. Una de ellas, a las pocas semanas de conocerla, quedamos en su casa para tener sexo… y en realidad lo que quería es que yo fuera la que le diera sexo a ella. Me explico: magreo previo, nos despelotamos, se acostó abierta de piernas y lo que quería era que le comiera el asunto, y poco más. Eso hice, accedí a la intimidad con ella porque la verdad es que me apetecía tener sexo con una chica después de tanto tiempo, pero nada más terminar la faena y ver su postura de cucaracha muerta y sin ganas de tocarme ni la cara, me di cuenta de que no tenía pretensión alguna de darme placer, así que me fui de su casa sin decir nada, y aunque ella intentó retenerme, yo pasé del tema. La segunda desapareció antes de que tuviera algo pues un rumor entre colegas me decía que tenía novia, o algo así, y claro, sí a mí me dijo que estaba soltera y de repente cambia de estado civil… con mentirosas no follo, lo siento, pero no, si son capaces de mentir en algo tan importante, también serán mentirosas y egoístas en la cama.
Después de iniciado el año, no he vuelto a tener encuentros; un día de esos que te levantas metafísica mientras te tomas un café cargado piensas que cuál es el sentido de buscar oportunidades en discapacitados emocionales incapaces de entregar cariño y que te muestran su verdadera cara hasta que consiguen su verdadero objetivo: follar pero con apatia, con desgana, sin emoción, sin sustancia, sin moñerías, sin ná de ná. Así que, señoras y señores, esta servidora no piensa tener sexo con hombres ni con mujeres que tienen menos empatia que un percebe, que están encantados de recibir placer pero no porque sean unos inútiles en conceder placer: es que no les sale ni de la polla ni de la pepitilla dar placer. Así de claro. Egoísmo en estado puro. Ya me tachan algunos de exigente, pero… ¿qué sentido tiene tener sexo por tenerlo? El problema radica en una base esencial: malinterpretar ternura con compromiso. Si habéis leído mis palabras, os habréis dado cuenta de que yo sólo quería un poco de cariño en el sexo, y no pedirle al individuo o individua matrimonio nada más alcanzar el orgasmo ese que no llegaba porque, rara que es una, necesita un poco de complicidad, confianza, madurez y respeto, y vuelvo a insistir hasta la saciedad, que no busco el amor de mi vida, que busco amor, un rato de amor, compartir el amor, disfrutar del amor aunque sean unas putas horas.
Lo siento, pero en estos términos de hombres y mujeres tan tristes, tan desválidos y frágiles, porque lo son, porque se creen que follando a discrección pensando en su placer único y exclusivo van a sentirse como dioses, porque se creen que esta fórmula les va a servir para siempre. Soy claramente consciente de que el ser humano es egoísta, y que el egoísmo, como habréis podido comprobar, no entiende ni de género ni de sexos, y por eso, cada día que pasa, nos sentimos más solos: porque no somos empáticos, porque no somos capaces de entreganos sólo una pequeña parte de nosotros ni para unas putas horas de placer. Si esto es lo que me ofrecéis, no lo quiero.
Lo siento, pero prefiero desgarrarme los dedos de las manos a base de pajas que a tener que aguantar situaciones tan desastrosas y tan tristes. Hasta que no aprendan a sentir su corazón no pienso volver a intimar con nadie.
Un saludo a todos y a todas.