Hola chicas, les escribo desde México.
Quería compartir mi experiencia, de alguna forma quería enviar un buen post para «Querido Diario» pero, no es nada concreto y mi forma de escribir no es tan genial (aunque en mi mente si lo sea) .
Empecé a leer el blog, hace menos de 2 semanas. Y ya me he leído al menos el 90% de los post. Y quiero decir, GRACIAS.
Hace 4 semanas, mis padres se fueron de viaje. Y me quedé en casa, sola por al menos 4 días. Ese tiempo en soledad, me sirvió muchísimo. Tengo 19 años, y soy estudiante. Hace no mucho tiempo, cambiamos de lugar de residencia (algo ya muy normal para mi vida, por el trabajo de mi padre) y mis pocos amigos, quedaron lejos.
Desde pequeña fui una niña normal, y digo normal porque viví una niñez nada fuera de lo común. En la adolescencia, en la etapa cuando entras a la secundaria yo era delgada, y estaba dentro de las 5 más populares de mi escuela. ¡Yupi! Podría decir, sin mentirles que tenía la vida perfecta. Pero no, ser delgada tenía sus problemas, ni vivía tan a gusto con mi cuerpo. Tenía muchos amigos (aparentemente), notas regulares (aunque siempre me he caracterizado por ser alguien inteligente, sólo que me atraía más perder el tiempo con mis amigas) tenía muchos (muchos) chicos tras de mi, y si, aunque no lo crean, fue difícil aceptar, que sólo me miraban y buscaban para obtener algo de mi, pero como nunca les daba lo que querían (sexo, y nada más) huían de la forma más veloz posible. Pero también había chicos que querían estar conmigo por ser quien era, la chica genial a quien todos admiraban, la que siempre reía y sobresalía por su inteligencia. Pero, mi falsa autoestima me hacia buscar a chicos que en realidad no valían la pena, y dejar de lado a los que si.
Luego cumplí 16 años, y llegaron a mi vida tantas decepciones, mis amigos se fueron de un momento a otro, mi mente se enfermaba con mis propios pensamientos basado en opiniones ajenas, que, comencé a hacer de la comida, «mi mejor amiga». Y es que si, cuando le llamaba a mis amigas para salir y me decían que ya tenían planes y yo no incluía, el abrir la alacena o el refrigerador era un aliciente para mi, porque la comida estaba, siempre estaba. Y por supuesto, comencé a subir de peso, y los chicos que me buscaban por mi cuerpo, se fueron. Y los que valían la pena, yo los corrí porque a mi parecer ellos no me merecían, si, lo acepto, en mi adolescencia fui muy perra y allí estaban las consecuencias. Me deprimí por más de 3 años. Me veía al espejo y me odiaba, y entre juegos de palabras en mi familia por estar «gordita» «re llenita» «chonchita» eso hizo hundirme más. Descuidé mi apariencia personal, porque nadie merecía a una gorda como yo. Me volví callada, ya no era la chica sonriente, ya ni siquiera cultivaba mi mente, y en mi depresión, dejé hasta los estudios. Mis padres por trabajo no me ponían mucha atención, sólo me recalcaban el hecho de estar gorda, y una vez mi padre me dijo: «a las gordas nadie las quiere, mírate a los 18 y sin novio, nadie te mira» y me rompí, en más pedazos de los que ya estaba rota. (Si, si se lo preguntan, mi padre sufre gordofobia, el es muy cuidadoso con su aspecto físico). Luego, un chico 7 años mayor que yo, se enamoró de mi. (Y digo enamorarse, porque para mi es como una emoción muy pasajera, algo distinto a amar) sé fijó en la chica gorda, esa de talla 13 (creo es una 36). Y yo, me volé, porque sólo el me hacia sentir bonita, las palabras, las actitudes, su inteligencia. Ah, yo también me enamoré. Pero, me enamoré de como me hacia sentir, no tanto de el, porque me hacia sentir bonita, inteligente, me hacia recordar «mis buenos años». Y el se aprovechó de eso, me recalcaba que yo sólo lo necesitaba a el para ser feliz, que sólo pRa el yo era bonita. Y le creí. luego, me pidió «la prueba del amor» yo, con 19 años (les estoy hablando de algo de hace menos de 6 meses) le dije que aún seguía siendo virgen. Y el insistía (puedo decir con certeza, que lo veía como un premio) en «desvirgarme» porque el era el indicado, a su parecer. Y dije no, y después de haberme subido al cielo, y dejarme allí algunos meses, en el instante en que dije «NO» me tiró al piso, en caída libre, el golpe fue duro, porque sólo me sostuvo el suelo. Y no tuve a quien contárselo, ya no tenía amigos, porque sentía que no los merecía. Me carcomía por dentro, era la segunda vez que me enamoraba, después de 4 años. Porque sí, también le huía al amor, porque pensaba que no lo merecía. Pero, detrás de todo el falso ego que me hizo sentir aquel chico, quedó algo.
Regreso a esos 4 días de soledad absoluta. Mi mente se liberó. El escucharme a mi misma fue lo mejor que me pudo haber pasado. Me miré al espejo, me desnudé, me gusté, no por lo que otros decían de mi, sino lo que yo misma sentía. Por fin, después de 19 años me podía mirar al espejo y gustarme. Sin ascos, sin resentimiento. Mis curvas, mis imperfecciones, yo misma. Me viví más segura, plena, después de 19 años.
Hace 2 semanas comencé a charlar con mi papá, esas pláticas de hija a padre. En un momento lo culpé, porque le dije: «si tengo hijos, les enseñaré a amarse tal como son, no viviré haciéndoles sentir avergonzados de su propio cuerpo» y lo entendió. Se quedó callado por un momento, y me dijo: «mi gordita, te quiero mucho… Pero no quiero que te quedes sola»
Y no, no me sentí mal por lo que dijo. Sólo le respondí que con 19 aún me faltaba mucho por vivir.
Mi padre es un poco extraño, pero lo quiero mucho. Me ha hecho reír más de lo que me ha hecho enojar o quizá llorar. (Por que si, a veces la familia puede ser una putada)
La cosa es que, desde hace un mes, vivo segura de mi misma. Y ahora los demás se han dado cuenta, porque es algo que reflejó, y ellos también lo creen.
No estoy buscando una pareja, sé que la parte del foro es sobre amor, pero quería contarles sobre cuando una deja de agachar la mirada, de evitar los espejos, y comienza a mirarse de frente, sin miedo. De sonreirse a sí misma, del amor propio.
Sé que leer la vida de otros al fin y al cabo es medio aburrido. Pero loversize, tanto las colaboradoras, como las lectoras y las que dejan uno que otro comentario, me han ayudado muchísimo a seguirme afianzando. ¡Sé los agradezco de todo corazón! Por cierto, llegué a la página por el post de las «gordibuenas» soy una orgullosa gordibuena.