Reproducimos testimonio que nos llega a [email protected]
El año pasado mi marido y yo nos mudamos a una ciudad lejos de nuestro pueblo por temas de trabajo. Viviendo aquí me quedé embarazada y, claro, sin gente a mi alrededor ni amigas, me apunté a clases de yoga para hacer algo.
Allí conocí a un grupo de embarazadas, como yo, que se reunían una vez al mes con una doula para hablar de los embarazos y sentirse acompañadas. Me propusieron ir y dije que sí; necesitaba conocer gente nueva.
Durante el embarazo todo fue genial. Las chicas eran majas y creamos un buen grupo de apoyo. Poco a poco fueron naciendo los bebés y nos seguíamos reuniendo, ahora para hablar de crianza y maternidad.
Pues bien, en la última reunión a la que acudí, una de ellas sacó el tema de que no había vacunado a su hijo por un bulo que había leído en internet y el resto de las presentes reconocieron que ellas tampoco habían vacunado a los suyos.
Lejos de poner un poco de cordura, la doula las apoyó y les dijo que, con la lactancia materna, los bebés estaban más que protegidos y que las vacunas no eran realmente necesarias. Me quedé de piedra.
La interrumpí y la increpé delante de todas. Soy sanitaria y entiendo del tema; me parece súper peligroso ese discurso y que gente sin formación sanitaria se dedique a difundir bulos tan alegremente sobre algo tan serio como son las vacunas.
Me fui de aquella reunión con muy mal cuerpo y no fui a la siguiente. Estoy planteándome seriamente no volver. Ese espacio, que había sido seguro y un gran apoyo para mí, ahora me resultaba incómodo.
Sé que no podré controlar, cuando mi hijo vaya al colegio, que haya niños que no estén vacunados, pero ahora, de momento, prefiero no juntarme con gente que no vacuna a sus hijos.
¿Alguien ha vivido mi misma situación? ¿Pensáis que estoy sacando las cosas de quicio?
