la semana pasada tuve consulta psiquiatría de la Seguridad Social y de verdad si no me he tirado por la ventana es porque vivo en un bajo. Llevo meses arrastrándome. No es que esté triste es que no siento nada. Es como si el mundo fuera gris no tengo ganas de levantarme, lloro porque se me cae un tenedor y mi ansiedad me está comiendo viva.
Pues bien entro en la consulta, me siento y le cuento mi calvario. El tío ni me mira. Se limita a teclear en su ordenador prehistórico mientras yo me desahogo. Cuando termino de contarle que tengo pensamientos bastante oscuros, se gira me mira de arriba abajo con una ceja levantada y me dice:
el problema es que tu cuerpo está inflamado por el exceso de tejido adiposo. Eso afecta a los neurotransmisores. Si perdieras un 15% de tu peso corporal, verías como tu estado de ánimo mejora mágicamente. Toma, esta es una dieta de 1200 calorías. Vuelve en tres meses y ya vemos posible medicación que una de las contraindicaciones que tiene es hacerte engordar más
¿PERDÓN? O sea, que mis ganas de morirme son porque me gustan las croquetas. Le he intentado explicar que precisamente como porque es el único placer que me queda, que mi relación con la comida es un síntoma, no la causa. Pero nada. Para él soy una gorda que está triste porque está gorda. Siento que mi salud mental no importa porque mi IMC dice que soy una ciudadana de segunda
